G Dragon
No puedo dejar de darle vueltas a la cabeza por lo que acabo de hacer. Bueno, mejor dicho, lo que hice hace un par de horas. Sin darme cuenta se ha hecho de noche, y ella no ha salido de la habitación. Parezco un maldito caballero custodiando la torre de la princesa. Sí, eso es lo que parezco. Toco en su habitación varias veces pero ninguna de ellas responde. Me tomo mi tiempo para ir de un lado para otro en todo el pasillo. Hago breves descansos en el sofá. He puesto la televisión pero no estoy escuchando nada. Los nervios me han superado mientras miraba por la ventana. Los coches en movimiento, las personas, la velocidad del tiempo. Respiro hondo. Tocan en mi puerta y voy con rapidez. Uno de mis empleados aparece con la pizza que había pedido, le extiendo un billete y le cierro la puerta en las narices. Tengo un hambre feroz. Me río de mí mismo, ya que acabo de tener un pensamiento infantil: Soy un lobo feroz que busca a la pobre caperucita. Pero caperucita se encontró con el lobo equivocado y le hizo daño. Voy a mordisquear la pizza pero me doy cuenta de que no puedo comer. Me acerco a la puerta de Amy, antes de tocar me detengo y respiro. En realidad me siento mal, y no entiendo el porqué, ya que ella se lo buscó como ninguna. Puede que Taeyang tenga razón y deba ser un poco más amable, tengo que intentarlo.
- Amy...-digo sosegado y sin tocar la puerta-. ¿Puedo pasar? -tuerzo el pomo, pero la puerta sigue cerrada. ¡Mierda! No lo aguanto más y ya me estoy volviendo paranoico, puede que de tanto llorar se haya desmayado o cualquier otra estupidez.
No puedo dejar de darle vueltas a la cabeza por lo que acabo de hacer. Bueno, mejor dicho, lo que hice hace un par de horas. Sin darme cuenta se ha hecho de noche, y ella no ha salido de la habitación. Parezco un maldito caballero custodiando la torre de la princesa. Sí, eso es lo que parezco. Toco en su habitación varias veces pero ninguna de ellas responde. Me tomo mi tiempo para ir de un lado para otro en todo el pasillo. Hago breves descansos en el sofá. He puesto la televisión pero no estoy escuchando nada. Los nervios me han superado mientras miraba por la ventana. Los coches en movimiento, las personas, la velocidad del tiempo. Respiro hondo. Tocan en mi puerta y voy con rapidez. Uno de mis empleados aparece con la pizza que había pedido, le extiendo un billete y le cierro la puerta en las narices. Tengo un hambre feroz. Me río de mí mismo, ya que acabo de tener un pensamiento infantil: Soy un lobo feroz que busca a la pobre caperucita. Pero caperucita se encontró con el lobo equivocado y le hizo daño. Voy a mordisquear la pizza pero me doy cuenta de que no puedo comer. Me acerco a la puerta de Amy, antes de tocar me detengo y respiro. En realidad me siento mal, y no entiendo el porqué, ya que ella se lo buscó como ninguna. Puede que Taeyang tenga razón y deba ser un poco más amable, tengo que intentarlo.
- Amy...-digo sosegado y sin tocar la puerta-. ¿Puedo pasar? -tuerzo el pomo, pero la puerta sigue cerrada. ¡Mierda! No lo aguanto más y ya me estoy volviendo paranoico, puede que de tanto llorar se haya desmayado o cualquier otra estupidez.
Lo siento, no soy muy
experto en el ámbito de las chicas. Acerco mi oído a la puerta por quinta vez
en todo el día. Oigo en la lejanía lo que parece la televisión, pero ni rastro
de Amy. Voy al salón y busco en la mesa llena de papeles mi teléfono. Marco
con rapidez a T.O.P, es la única persona que se me ocurre llamar para
esto.
- Hola.
- ¿Cómo se abre una puerta cerrada?
- Yo estoy bien gracias, un tanto cansado, acabo de rodar un dorama ¿sabes?
- Hola T.O.P...-digo ya con resignación.
- Te noto preocupado... ¿Todo bien?
- ¿Cómo se abre una puerta cerrada? -repito. T.O.P se ríe tras el teléfono.
- ¿Por qué me llamas a mí para decirte cómo se abre una puerta cerrada?
- Tengo que recordarte cuando nos colamos en...
- ¿Tienes una herramienta puntiaguda en casa? -me dice interrumpiéndome. Sonrío.
- No.
-¿Un cuchillo? -me acerco a la cocina y encuentro mi juego de cuchillos sobre una encimera. Sujeto el más grueso.
- Eso sí.
- Vale, tienes que ir al pomo y asegurarte de girar en el lado correcto, sólo con la punta...
- ¿La punta? -pregunto confuso. Me acerco al pomo y me fijo en la fina rendija, introduzco lentamente el cuchillo afilado si hacerme daño. Mi móvil está sujeto entre mi oreja y el hombro.
- ¿Qué le estás haciendo a la chica? -ríe T.O.P-. Sino quiere rollo contigo no la obligues...
- Muy gracioso...-digo molesto. Resoplo varias veces-. Esto no se abre.
- Delicadeza…-me dice T.O.P en todo bromista-. Tienes que sentir un leve choque metálico, que cede hacia el lado correcto...-giro más lentamente y algo suena dentro de la puerta.
- ¡YA ESTÁ! -digo con emoción-. ¡Gracias, te cuelgo!
- Adiós -dice T.O.P adorablemente. Me guardo el móvil en el bolsillo y tuerzo el pomo.
- Hola.
- ¿Cómo se abre una puerta cerrada?
- Yo estoy bien gracias, un tanto cansado, acabo de rodar un dorama ¿sabes?
- Hola T.O.P...-digo ya con resignación.
- Te noto preocupado... ¿Todo bien?
- ¿Cómo se abre una puerta cerrada? -repito. T.O.P se ríe tras el teléfono.
- ¿Por qué me llamas a mí para decirte cómo se abre una puerta cerrada?
- Tengo que recordarte cuando nos colamos en...
- ¿Tienes una herramienta puntiaguda en casa? -me dice interrumpiéndome. Sonrío.
- No.
-¿Un cuchillo? -me acerco a la cocina y encuentro mi juego de cuchillos sobre una encimera. Sujeto el más grueso.
- Eso sí.
- Vale, tienes que ir al pomo y asegurarte de girar en el lado correcto, sólo con la punta...
- ¿La punta? -pregunto confuso. Me acerco al pomo y me fijo en la fina rendija, introduzco lentamente el cuchillo afilado si hacerme daño. Mi móvil está sujeto entre mi oreja y el hombro.
- ¿Qué le estás haciendo a la chica? -ríe T.O.P-. Sino quiere rollo contigo no la obligues...
- Muy gracioso...-digo molesto. Resoplo varias veces-. Esto no se abre.
- Delicadeza…-me dice T.O.P en todo bromista-. Tienes que sentir un leve choque metálico, que cede hacia el lado correcto...-giro más lentamente y algo suena dentro de la puerta.
- ¡YA ESTÁ! -digo con emoción-. ¡Gracias, te cuelgo!
- Adiós -dice T.O.P adorablemente. Me guardo el móvil en el bolsillo y tuerzo el pomo.
Respiro profundamente de
alivio al ver a Amy acostada en la cama. Está dormida y abrazada a una
almohada. Dejo el cuchillo sobre la mesilla de noche y me siento a su lado. Con
la mano le aparto el pelo de la cara, con suma delicadeza. Tiene la nariz roja,
al igual que los ojos. Creo que hubiera estado mejor si no hubiera abierto la
puerta. Me río al comprobar que le sale la baba de la boca. Qué raro es todo
esto, ella está respirando profundamente mientras la miro. Empiezo a sentirme
verdaderamente extraño, más bien incómodo, no me gusta este tipo de
sensaciones, mi tosquedad me puede. Nunca doy importancia estos detalles, a
contemplar la cara de una chica mientras duerme prácticamente no lo había hecho
nunca. Parece de ensueño a pesar de que su baba cuelgue de la comisura.
Ella se revuelve y se pone bocarriba, va despertando lentamente, pero aún
no ha abierto los ojos, se frota la cara con sus manos. Se estira lentamente y
busca de nuevo la almohada que ha dejado. Me siento preparado para hablar. En
su búsqueda topa con mi mano, y como si del diablo se tratase abre los ojos y
se me queda mirando. Como un resorte se sienta en la cama y se aparta de mí, poniéndose en
el otro lado de la cama, abrazando sus rodillas. Mira la mesilla y ve el
cuchillo.
- No es lo que...-digo alzando las manos. Pero ella ya está de pie y tiene la lámpara de la otra mesilla en la mano.
- ¡APARTA O GRITARÉ!
- No te quiero hacer daño...-le digo mientras río.
- YA CLARO...-dice. Me apunta con la lámpara, rodeo la cama y me acerco a ella. Me amenaza de nuevo con el objeto-. VOY A GRITAR.
- Amy -alzo las manos-. No te voy a hacer daño...-sonrío de manera adorable.
- No es lo que...-digo alzando las manos. Pero ella ya está de pie y tiene la lámpara de la otra mesilla en la mano.
- ¡APARTA O GRITARÉ!
- No te quiero hacer daño...-le digo mientras río.
- YA CLARO...-dice. Me apunta con la lámpara, rodeo la cama y me acerco a ella. Me amenaza de nuevo con el objeto-. VOY A GRITAR.
- Amy -alzo las manos-. No te voy a hacer daño...-sonrío de manera adorable.
- ¿Qué quieres?
- Hablar.
- No quiero hablar...-dice mientras sigue arrugando su camisa. Me siento en la cama, enfrente a ella.
- Por favor -me pongo adorable. Ella vuelve a desviar la mirada.
- ¿Por qué tienes un cuchillo en mi cuarto?
- Estaba... Haciendo la cena -miento. Ha sonado poco convincente-. ¿Quieres cenar?
- Oh claro -dice irónica-. ¿Por qué no cenar con mi idol, el cual ha tentado a la suerte y jugado conmigo? -me levanto esta vez.
- Perdona, reconozco que me he pasado...-me acerco lo suficiente a ella.

- Basta de
acercamientos...-dice incómoda mirando a otro lado.
- ¿Por qué? -sonrío mientras me muerdo el labio.
- Y de insinuaciones...-sigue ella.
- ¿Por qué?
- Porque con esas cosas la cagas...-dice mirándome desafiante. Mi sonrisa se desvanece y le miro apenado.
- Perdóname -digo. Ella parece sorprendida por esas palabras-. Perdóname Amy. Baby no soy un monstruo, te necesito...
- Ya vale de decir la letra de Monster...-ríe. Menos mal que ha pillado la broma. Sonrío.
- ¿Esa sonrisa significa que me perdonas?
- Me lo pensaré -dice mientras se rasca el brazo.
- Vale -me quedo conforme, cojo el cuchillo y camino hacia la puerta.
- ¿Cómo has entrado al cuarto? -me dice una vez voy a cerrarle la puerta.
- Tengo llaves de todas las puertas -digo sonriente, no voy a contarle lo del cuchillo, entonces sí que me busco la ruina con ella. En otras chicas hubiera supuesto un "acto de amor increíblemente adorable", pero con Amy me estoy dando cuenta que estas cosas son inútiles.
- Dámela -dice extendiéndome la mano. Eso me coge de sorpresa.
- ¿El qué? -Intento distraerla.
- La llave, no quiero que entres sin preguntar y me veas desnuda o algo así...
- Eso sería interesante...-bromeo.
- Dámela -dice dando dos pasos hacia mí. Resoplo.
- He entrado porque estaba preocupado, no para espiarte o algo así...
- Me da igual, dámela.
-Eres insistente, ¿eh?
- Voy a dormir aquí, al menos hoy... No quiero que vengas a media noche, eres capaz de hacerlo...
- Lo dudo -sonrío para mí mismo-. Acabaras antes tú en mi cama que yo en la tuya -sonrío malicioso y ella desvía la mirada con furia, pero el rubor en sus mejillas me puede, al igual que cuando se muerde el labio. Me doy un cabezazo contra la puerta para no matarla.
- ¡¿Qué haces?! -dice ella ante mi gesto.
-Nada -respiro-.Vamos a dejarlo así, me estoy poniendo nervioso.
- ¿Porque te estoy pidiendo la llave?
- ¡Me pones nervioso Amy! -grito sin poder evitarlo. Ella se me queda mirando largo rato, parece sorprendida, respira hondo. Ambos no decimos nada. Se muerde el labio otra vez y tengo que evitar hacer nada para que no me llame loco. Aprieto mi puño y me contengo. Pero ella puede ver como muerdo mis labios y la miro con odio. Ella continúa mordiéndose el labio para a continuación soltarlo lentamente-. Como hagas eso otra vez te morderé...-digo sin contenerme.
- Me...Me... ¿Me qué? -Dice ella con un hilo de voz. Me encanta.
- Ya lo has oído, me voy...-cierro la puerta. Dios mío con esta chica. La próxima vez que tiente, no me lo voy a pensar tanto como la vez anterior... Espera, ¿pero qué estoy diciendo? ¡Ni loco!
Amy
Me cuesta admitirlo, pero es obvio que le deseo. Sin embargo sufro un rechazo obvio, así que no puedo ni mirarlo a la cara. Es cierto que los sentimientos antes de conocerle siguen ahí, y es cierto que no puedo negarlos, y más después de haberme puesto en una situación tan comprometida. Sólo quería volver a esa distancia tan mínima entre los dos, porque me encanta pero a la vez la odio. Deseo su mirada sobre mí, deseo que entre a mi cuarto cada vez que desee y me encantaría ser víctima de sus arrebatos cuando le desafío a besarme. Sé que odia que me muerda el labio, e intento no hacerlo pero me sale solo. Estoy empezando a creer que mi subconsciente lo hace para que él se enfade, para que él me busque, pero no con la mirada sino con los labios. No puedo obviar lo evidente, pero es que le odio, le odio tanto que tengo que amarlo, odio tanto su prepotencia, su arrogancia... Pero amo tanto cualquier gesto y cualquier palabra. Estoy sufriendo un síndrome de Estocolmo bastante severo, pero es lo que siento. Sólo quiero volver a encontrarme en esa situación, sentir el ardor en mi pecho y como mi corazón bombea fuerte. Quiero volver a olerlo y respirar profundo. Quiero que me sujete como lo hizo hace un par de horas. Ese fue el veneno de esta perdición, no puedo negarlo, necesito estar cerca de él. Pero el odio que existe entre ambos es de momento más fuerte que esta atracción, que por una parte a veces dudo que sea correspondida. Y no quiero que me use como un pañuelo y luego me olvide. Tengo que alejarme de esta casa y sobre todo de la persona a la que pertenece, pero ya es tarde para eso. Es insufrible y no me puedo vender así de rápido. Pero es que no puedo evitarlo, él es una dinamita siempre encendida y dispuesta a explotar en el corazón de cualquiera. O al menos eso parece. Siento tantas cosas, pero no puedo demostrárselo, no puedo. Hace unas horas solo quería volver a casa y estudiar para el ingreso en la Escuela de Artes. Pero es que ahora, entiendo el verdadero motivo por el cual estoy aquí, y son estas sensaciones que él me produce. Me acerco al espejo que hay al lado de la puerta y me miro. Estoy sudando, y me siento ligeramente mareada. Me hago una coleta y cojo mi móvil para escribir un mensaje a las chicas y desconectar hasta mañana. Una ducha me vendría genial.
- ¿Por qué? -sonrío mientras me muerdo el labio.
- Y de insinuaciones...-sigue ella.
- ¿Por qué?
- Porque con esas cosas la cagas...-dice mirándome desafiante. Mi sonrisa se desvanece y le miro apenado.
- Perdóname -digo. Ella parece sorprendida por esas palabras-. Perdóname Amy. Baby no soy un monstruo, te necesito...
- Ya vale de decir la letra de Monster...-ríe. Menos mal que ha pillado la broma. Sonrío.
- ¿Esa sonrisa significa que me perdonas?
- Me lo pensaré -dice mientras se rasca el brazo.
- Vale -me quedo conforme, cojo el cuchillo y camino hacia la puerta.
- ¿Cómo has entrado al cuarto? -me dice una vez voy a cerrarle la puerta.
- Tengo llaves de todas las puertas -digo sonriente, no voy a contarle lo del cuchillo, entonces sí que me busco la ruina con ella. En otras chicas hubiera supuesto un "acto de amor increíblemente adorable", pero con Amy me estoy dando cuenta que estas cosas son inútiles.
- Dámela -dice extendiéndome la mano. Eso me coge de sorpresa.
- ¿El qué? -Intento distraerla.
- La llave, no quiero que entres sin preguntar y me veas desnuda o algo así...
- Eso sería interesante...-bromeo.
- Dámela -dice dando dos pasos hacia mí. Resoplo.
- He entrado porque estaba preocupado, no para espiarte o algo así...
- Me da igual, dámela.
-Eres insistente, ¿eh?
- Voy a dormir aquí, al menos hoy... No quiero que vengas a media noche, eres capaz de hacerlo...
- Lo dudo -sonrío para mí mismo-. Acabaras antes tú en mi cama que yo en la tuya -sonrío malicioso y ella desvía la mirada con furia, pero el rubor en sus mejillas me puede, al igual que cuando se muerde el labio. Me doy un cabezazo contra la puerta para no matarla.
- ¡¿Qué haces?! -dice ella ante mi gesto.
-Nada -respiro-.Vamos a dejarlo así, me estoy poniendo nervioso.
- ¿Porque te estoy pidiendo la llave?
- ¡Me pones nervioso Amy! -grito sin poder evitarlo. Ella se me queda mirando largo rato, parece sorprendida, respira hondo. Ambos no decimos nada. Se muerde el labio otra vez y tengo que evitar hacer nada para que no me llame loco. Aprieto mi puño y me contengo. Pero ella puede ver como muerdo mis labios y la miro con odio. Ella continúa mordiéndose el labio para a continuación soltarlo lentamente-. Como hagas eso otra vez te morderé...-digo sin contenerme.
- Me...Me... ¿Me qué? -Dice ella con un hilo de voz. Me encanta.
- Ya lo has oído, me voy...-cierro la puerta. Dios mío con esta chica. La próxima vez que tiente, no me lo voy a pensar tanto como la vez anterior... Espera, ¿pero qué estoy diciendo? ¡Ni loco!
Amy
Me cuesta admitirlo, pero es obvio que le deseo. Sin embargo sufro un rechazo obvio, así que no puedo ni mirarlo a la cara. Es cierto que los sentimientos antes de conocerle siguen ahí, y es cierto que no puedo negarlos, y más después de haberme puesto en una situación tan comprometida. Sólo quería volver a esa distancia tan mínima entre los dos, porque me encanta pero a la vez la odio. Deseo su mirada sobre mí, deseo que entre a mi cuarto cada vez que desee y me encantaría ser víctima de sus arrebatos cuando le desafío a besarme. Sé que odia que me muerda el labio, e intento no hacerlo pero me sale solo. Estoy empezando a creer que mi subconsciente lo hace para que él se enfade, para que él me busque, pero no con la mirada sino con los labios. No puedo obviar lo evidente, pero es que le odio, le odio tanto que tengo que amarlo, odio tanto su prepotencia, su arrogancia... Pero amo tanto cualquier gesto y cualquier palabra. Estoy sufriendo un síndrome de Estocolmo bastante severo, pero es lo que siento. Sólo quiero volver a encontrarme en esa situación, sentir el ardor en mi pecho y como mi corazón bombea fuerte. Quiero volver a olerlo y respirar profundo. Quiero que me sujete como lo hizo hace un par de horas. Ese fue el veneno de esta perdición, no puedo negarlo, necesito estar cerca de él. Pero el odio que existe entre ambos es de momento más fuerte que esta atracción, que por una parte a veces dudo que sea correspondida. Y no quiero que me use como un pañuelo y luego me olvide. Tengo que alejarme de esta casa y sobre todo de la persona a la que pertenece, pero ya es tarde para eso. Es insufrible y no me puedo vender así de rápido. Pero es que no puedo evitarlo, él es una dinamita siempre encendida y dispuesta a explotar en el corazón de cualquiera. O al menos eso parece. Siento tantas cosas, pero no puedo demostrárselo, no puedo. Hace unas horas solo quería volver a casa y estudiar para el ingreso en la Escuela de Artes. Pero es que ahora, entiendo el verdadero motivo por el cual estoy aquí, y son estas sensaciones que él me produce. Me acerco al espejo que hay al lado de la puerta y me miro. Estoy sudando, y me siento ligeramente mareada. Me hago una coleta y cojo mi móvil para escribir un mensaje a las chicas y desconectar hasta mañana. Una ducha me vendría genial.
Le doy a enviar y seguidamente apago el móvil, porque las conozco, y sé
que como vean el mensaje serán capaces de llamarme y estallarme el
teléfono a mensajes. Sobre todo Temy, que ahora mismo está histérica
esperando por Kai. Respiro profundamente y me miro varias veces al espejo.
Acabo de tomar una decisión muy severa y sé que puede tener repercusiones
graves. Me miro al espejo, y compruebo mi aspecto. Me cago en todo...Tengo una
baba hermosa por un lado de la boca, me la seco con rapidez. Qué vergüenza...
Seguro la ha visto. Esta siesta me ha sentado genial, pero no tanto a mi
maquillaje. Estupendo, parezco un panda. Río acordándome de
Seungri. Analizo mi cabello liso y está decente en la coleta, tengo la ropa
algo arrugada.
- Bueno Amy, eres una mujer hecha y derecha. Tienes que poder con esto. Has llegado hasta aquí. Eres firme, tienes las ideas claras-digo a mi yo del espejo-. No en realidad no -me contemplo al espejo y me miro de arriba abajo, incluso la espalda. Viendo que no tengo ninguna mancha busco mi mochila, pero fantásticamente me acuerdo que la tiré en el suelo cuando le gritaba a GD-. Genial -digo mientras resoplo. Me tengo que enfrentar con él otra vez. No decido perder más tiempo, voy directa a la puerta con velocidad y cuando salgo al pasillo me detengo en seco ante un olor muy agradable. Lo sigo hasta el salón y veo como G Dragon está comiéndose una pizza, sentando en su gran mesa de cristal. Le miro con deseo, pero no por él, sino por la deliciosa pizza con queso que se derrite entre sus manos.
- ¿Quieres comer o no? -me dice con la boca llena.
- ¿Puedo? -digo mientras me relamo. Él asiente, me acerco a la mesa, y sin pensarlo me siento enfrente de él, cojo un pedazo de pizza, la cual está ardiendo, pero tengo tanta hambre que me da igual, me he pasado todo el día encerrada en el cuarto, sin tomar nada de almorzar o merendar.
- Tienes hambre ¿eh? -sonríe él. Ni siquiera le miro porque me estoy comiendo la pizza de queso más deliciosa de mi vida. GD apura su trozo y sonríe. Apoya los codos en la mesa y me observa comer. Apuro mi trozo de pizza. Respiro de felicidad al acabarlo.
- Está delicioso -digo casi echándome a llorar. Él ríe. Me paro en seco, creo que es la primera vez que le veo reír con sinceridad en todo este tiempo. Me impacta tanto que no puedo dejar de mirarlo, y al parecer él a mí tampoco. Cuando termina está sonriendo.
-Come, no has comido nada -dice. Empuja la caja de pizza hacia mí. Se recuesta en la silla, pero no para de mirarme, y es algo que no soporto.
- No puedo comer si me miras...
- Lo siento -dice desviando la mirada. Cojo otro trozo-. Pediré otra si no te es suficiente -le miro de mala gana-. No has comido nada en todo el día, tienes que comer.
- Si me hubieras dejado...
- Si hubieras salido del cuarto -me responde. Resoplo y dejo el trozo de pizza sin acabar en la caja.
- ¿Ya estamos otra vez? ¿Sabes qué? Sólo venía a por mi mochila, y del hambre me he sentado a cenar contigo, deberías sentirte agradecido -digo enojada.
- Uuhh -dice él poniendo una expresión que acompaña a lo que dice-. ¿Qué yo debería sentirme agradecido por cenar contigo? -le miro intensamente-. ¿No te estarás confundiendo de rol verdad?
-Para nada, esta mañana comprobé que te encanta tener la compañía de una mujer -digo asusta. Él ríe y se muerde el labio.
- A ti también te gusta la compañía de un hombre -dice juguetón. Se apoya en la mesa, acercándose-. Sólo que te gustaría más que ese hombre fuera yo.
- ¡Basta! -digo poniéndome en pie. Me arde el pecho y las mejillas. De nuevo esa mezcla de odio y deseo. Respiro fuertemente.
- Perdón...-dice de nuevo alzando sus manos-. Encima que me gusta jugar contigo -ríe-. Te hago una cena romántica y así me lo agradeces.
- Oh si, una pizza, por favor, no te hubieses tomado tantas molestias...
- Si no quieres más la tiro. -dice haciendo ademán de llevarse la caja. La cojo al instante, deteniéndolo.
- Si tocas esta caja otra vez te mato -me siento de nuevo en la mesa. Ríe. Se levanta mientras yo sigo comiendo. Al rato vuelve y deja algo sobre la mesa, lo reconozco al momento: mi mochila.
- La guardé cuando la tiraste al suelo con violencia -desvía la mirada. Yo sigo comiendo-. Creo que me iré a dormir.
- Pues que descanses -digo con la boca llena, ni siquiera le miro. Él se acerca, separa la silla que hay a mi lado y se sienta. El silencio se hace brutal, creo que sólo se me puede oír masticar.
- De verdad que lo siento -dice de repente. Termino el trozo y le miro-. Hagamos una tregua -me mira esta vez. Yo me sonrojo y desvío la mirada-. No podemos estar todo el día como el perro y el gato -Veo como me mira a los ojos y luego dirige la mirada a mi boca, oh no, conozco como va a acabar esto. Me levanto de golpe y me dirijo a la cocina.
- Eso es algo inevitable -digo nerviosa. Él se levanta y me sigue hasta dónde estoy, me ofrece una servilleta blanca con la mano. De verdad parece una señal de paz.
- Podemos intentarlo -dice sonriente. Cuando voy a coger la servilleta él se adelanta y me limpia la comisura lentamente-. Me gusta el tomate pero no así -mi corazón va muy rápido. Me aparto bruscamente. Oigo como se ríe y me sigue-. ¿Qué me dices?
- Po...Podría ser... -digo nerviosa. GD se pone ante mí, y de repente me tira de mi coletero, dejando caer todo mi pelo. Me ha dolido un poco, y furiosa me pongo a saltar para coger lo que me pertenece-. ¿Eres tonto? -le grito. Sigo saltando para llegar a mi coletero, tiene su mano en alto.
- Así no va a salir bien -ríe. De repente me doy cuenta que salto muy cerca de él. GD baja lentamente el brazo y me da el coletero-. Tienes que ser más divertida ¿sabes? -estoy avergonzada e intento hacerme mi coleta de nuevo, odio el pelo suelto cuando hace calor. Cuando levanto mi cabeza para coger mejor el cabello él me está mirando-. A mí me gusta más el pelo suelto -sonríe dulce. Mis mejillas arden, tengo que desviar la mirada-. ¿Nerviosa otra vez? -dice buscando mi mirada.
- Si me defiendo me dirás que no soy divertida...-digo. Él se sorprende y ríe.
- Buenas noches Amy -dice antes de irse-. ¿Por qué dormirás aquí no?
-Claro -intento sonreír mientras finalizo la coleta.
- Hablando de eso -dice volviendo hacia mí. Jope...-. Hagamos una cosa, duerme aquí los fines de semana ¿vale? Sólo los fines de semana.
- ¿Por qué tienes tanto interés de que me quede? -digo molesta. Él parece avergonzado y rasca su cabeza.
- Sólo quiero, establecer más lazos de amistad, no nos llevamos muy bien...
- Haber sido más educado al principio...
- Dime sí o no -dice insistente.
- Tengo que pensarlo -digo haciendo ademán de irme, pero él atrapa mi muñeca, y tengo que mirarlo.
- ¿Sí o no? -dice serio. Estoy contemplándole, y mi corazón chilla que le diga que sí y le bese. Deseo tanto quedarme, no sólo ahora sino cualquier noche. Trago saliva.
- Sí -él sonríe enormemente al oírme. Se acerca.
- Buenas noches princesa -me pica el ojo-. ¡Oh! Toda princesa tiene un beso de buenas noches -levanta las cejas.
- No hace falta -digo corriendo a mi habitación. Él me sigue.
- Venga -dice bromista mientras intenta retenerme. No puedo contener la risa y juego con él, ambos estamos riendo y no sé cómo lo estamos consiguiendo. Me coge en peso y le doy pequeñas tortas en su espalda.
- ¡Bájame! -grito entre risas. Él sigue riendo. Vamos por el pasillo, el casi no puede conmigo. De repente me quedo abrazada a él, es todo tan extraño. Estamos abrazados de frente. Mi espalda topa con una pared, y entonces, estamos a dos centímetros. Nos miramos mientras respiramos-. No me gusta esta posición -digo entre respiraciones. Casi no puedo decir nada, pero mirarle a los ojos tan cerca es extrañamente relajante.
- A mí me encanta -dice con su voz ronca. Nos ponemos serios y nos estamos mirando, de nuevo él mira mi boca y yo la suya.
- Bájame -digo. Él niega con la cabeza. Me tiene, ahora sí que sí, no puedo huir, estoy entre una pared y él, no hay huida posible. Me aprieta más por las caderas, como si no me quisiese dejar ir-. Por favor bájame...-digo desviando mi rostro hacia otro lugar. No sé qué pasará aquí.
- No estoy jugando ahora -dice muy cerca de mí. Le miro y él me mira, su mirada me está llegando al alma, y sé lo que quiere, no puedo creerme que esté pasando.
- No puedo -digo. Mentira, claro que puedo, pero estoy demasiado dispuesta como para hacerlo. Él se acerca más, sé que es el fin, su nariz ha tocado la mía. Involuntariamente he cerrado mis ojos, y creo que él también. Su aliento llega a mi boca, estamos tan cerca, puedo sentir el calor, coloco mis manos alrededor de su cuello y entonces....
Temy
Todo está bien, sólo tienes que respirar y esperar. De momento no he visto a nadie, y eso es demasiado extraño. Me he mordido cerca de siete uñas y creo que se me está cayendo el pelo. He tenido que escribirle a las chicas para relajarme, y ¡OH! Para mi sorpresa nadie ha contestado. Me siento sola, sola y desesperada. Como aparezca algún idol de la SM por aquí es que me muero. ¿Y qué le voy a decir? Hola soy Temy, estoy esperando por Kai que está en la ducha... ¿QUIEN ME VA CREER? Guardo el móvil en mi bolso y me revuelvo el cabello nerviosa. Directamente me quito la perfecta trenza que me hice esta mañana. Mis rizos están algo despeinados, pero me da igual, tengo un look natural. Saco un pequeño espejo que tengo en el bolso y miro el morado, ya casi se ha ido, y no sólo por el maquillaje sino por las cremas de Amy. En ese momento noto un olor extrañamente familiar cerca. Miro desde los tenis hacia arriba y entonces le veo mirándome. Su camisa está algo mojada y pegada al cuerpo. De las puntas de su cabello caen pequeñas gotas.
- ¿He tardado mucho? -dice Kai. Guardo con torpeza el espejo.
- ¡Para nada! –miento. Ha sido una eternidad, y ha merecido la pena por el espectáculo que estoy teniendo.
- He intentado ir deprisa –dice. Se sienta a mi lado en el banco-. ¿Alguien te ha molestado?-niego con la cabeza-. ¡Oh! -dice Kai sorprendido, me mira-. Siento haber sido tan descortés-no sé de qué está hablando-. Estás muy linda-sonríe. Creo que mi corazón va a estallar, y mis mejillas están rosadas, ni idea de porque lo está diciendo, pero vale-. Me gusta el cabello así, te luce bien-entonces agarra uno de mis rizos y lo coloca tras la oreja. Noto como se sonroja y se aparta-. Te… Tenía pensado algo para hoy... Pero tendremos que ir con cuidado, tú me entiendes...-le miro de reojo-. He quedado en un centro comercial con un decorador del hogar, tengo algunos problemas con unas habitaciones de mi apartamento...Tendrás que estar sola un rato, pero prometo recompensártelo después- ese comentario hace volar mis fantasías, pero recobro la compostura cuando me sonrojo por mi pensamiento sumamente sucio. Entonces le miro, y con fuerza le sonrío.
- Kai no pasa nada, entiendo que estés ocupado y yo soy una carga.
- Ya te he dicho que ahora eres mi carga -dice mientras se acerca y me pasa el brazo por los hombros. Me sonríe muy cerca de mi cara, y noto como el pecho me va a mil y mi rostro arde. Los labios de Kai son más bonitos de cerca, MUCHO más bonitos. De repente algo cae sobre mi nariz. Está frío, miro hacia arriba y veo como el cabello de Kai sigue goteando, río. Él se aparta-. Lo siento Temy -coge la toalla que tenía en la mano e intenta secarse.
- Yo lo haré -le digo valiente. Él parece sorprendido, pero me sonríe mientras me ofrece la toalla. Se pone de espaldas a mí y con delicadeza empiezo a secar su cabello en círculos, lo inclino más hacia atrás, pero Kai sigue siendo más alto que yo.
- Tengo una idea -dice Kai-. Siéntate hacia delante –me extraño al momento, pero así hago. Cuando estoy colocada, veo como él deja todo y se sienta en el suelo, colocándose entre mis piernas. Estoy algo en shock pero empiezo a secar con nerviosismo. No soy muy experta en secar la cabeza, pero lo suelo hacer con mi madre en casa, y según ella lo hago de una manera muy relajante. Creo que Kai estaría de acuerdo con mi madre. Simplemente por el hecho de cómo se comporta mientras le masajeo. Noto como algo en mi corazón salta cada vez que respira o muestra que le gusta mi manera de secarle. De repente se deja caer hacia atrás con los ojos cerrados, y tengo que parar. Mi corazón bombea fuertemente. De repente abre los ojos y nos estamos mirando.
- O...Oppa -digo muy nerviosa.
- ¿Sabes qué? -su mirada toca mi corazón, y yo viajo un millón de veces a la galaxia-. Sigues siendo bonita desde abajo. -sus mejillas están sonrojadas. Yo no paro de mirarle, ninguno podemos parar de mirarnos. Él sonríe dulcemente y no puedo evitar imitarlo, por primera vez me siento relajada, Kai me transmite buenas vibraciones, creo que su confianza puede a mis nervios. Me encanta cuando se le ve confiado. Aún estamos mirándonos, él desde abajo y yo desde arriba. Es inevitable que piense en el famoso beso de Spiderman y MJ... ¡dios pero que estoy diciendo de besos! Se incorpora, y su pelo está más seco. Le ofrezco la toalla y la guarda en su mochila, luego se la coloca al hombro y antes de seguir caminando para en seco-. ¿Vamos? -sonríe, me ofrece su mano. Estoy algo impactada. Me levanto y coloco mi bolso. Le cojo la mano a Kai y cuando la tengo, estrecho nuestros dedos, esto hace que él se pare y me mire.
-Así mejor ¿no? -digo algo nerviosa. Pero Kai sonríe.
- Sí, así es mejor -dice dulcemente.
Cuando estamos en el coche Kai vuelve a su estado pensativo. Yo intento imitarle, pero no puedo parar de recordar una y otra vez el momento que hemos vivido en la sala de las duchas. Tener su mirada tan directa y su cabeza sobre mis piernas ha sido demasiado. El chofer lleva rato manejando, y de verdad que no sé a dónde vamos. Miro a Kai.
- Oppa -le llamo. Él me mira al instante y sonríe-. ¿Queda mucho para llegar?
- Estamos a punto -dice mientras coge mi mano. Se sienta más cerca de mí. Sin quererlo me apoyo en su hombro. Noto como se asombra pero de inmediato él coloca su cabeza sobre la mía. Entramos como siempre por la parte trasera. Kai espera por mi e incluso me ayuda a bajar del coche, como si se tratase de un cuatro por cuatro. Luego me coge la mano. Parece que se ha vuelto una maldita costumbre encantadora que me mata lentamente. Sin pedírselo él estrecha nuestros dedos y eso puede conmigo más todavía. Suspiro sin quererlo. Kai me indica que este ascensor lo usa el personal que trabaja en el centro comercial y que sea discreta. Al mismo tiempo colocamos nuestras máscaras y llegamos a la penúltima planta. Kai me ha pedido que vayamos solos para que en el corto tramo del ascensor a la tienda, nadie sospeche. Kai apresura el paso, donde él da tres pasos yo doy seis. Tras cinco minutos llegamos a la tienda, la cual está sospechosamente vacía. Entramos por la parte trasera y allí nos está esperando un señor con traje muy elegante. Estoy algo asfixiada por la carrera que nos acabamos de echar, pero intento mantener la compostura. Kai y yo nos quitamos las máscaras. Lo poco que he visto de la tienda me ha encantado. Tiene muebles antiguos de madera y cosas para decorar el hogar. Todo con un look muy sweet propio de Kai-. Siento haber ido rápido -me dice antes de estrechar la mano del señor.
- Tu debes ser Temy -dice el señor mientras me hace un escáner. Sonrío tímida y le estrecho la mano. No me la quiero jugar, pero juraría que a Kai no le ha gustado la mirada que me ha echado el señor. Es bonito soñar-. Mientras yo hablo con él puedes ir a mirar tiendas, hay cosas muy bonitas en esta planta -me sonríe Kai-. ¿Necesitas dinero, alguien que vaya contigo o algo así?
- ¡No, no por favor! -digo enseguida-. Nos vemos luego Oppa -él sonríe al oír esto, he notado que le gusta mucho-. Encantada -digo mientras hago una breve reverencia al señor, él me responde de igual manera. Comienzo mi paso hacia la salida. Cuando estoy a punto de salir oigo algo.
- ¡Temy! -miro hacia atrás y veo a Kai. Entonces besa sus dedos y me manda un beso volado. Luego me guiña el ojo. Creo que voy a morir. Intento responderle de la misma manera pero sólo me sale agitar mi mano en señal de adiós.
Cuando salgo de la tienda algunas personas que pasan por allí me miran extrañadas. Para intentar no levantar sospechas me coloco la máscara que Kai siempre me ofrece. Me la acabaré quedando creo. Comienzo a caminar y veo muchas tiendas. La verdad, es que como decía Kai, solo veo tiendas muy lindas, desde jugueterías, hasta tiendas de ropa de bebé. Me pregunto si Kai se pararía en esta última. Hablar con un idol de bebés es demasiado, y no creo que nunca nadie se haya atrevido a cuestionarlo. Puede que si me da tiempo en estos tres meses y me envalentono se lo pregunte a Kai. Sigo caminando y veo cafeterías y lugares donde tomar té. Me doy cuenta de que camino entre la multitud, y puede que entre ella fans de EXO estén escuchando a Kai por su ipod. Yo sin embargo, me limito a caminar fingiendo que no estaré con Kai por tres meses. Soy la chica más afortunada del mundo. Saco mi ipod y empiezo a escuchar EXO. En la lista de reproducción aleatoria sale Love me Right. Río ante la ironía, ni que fuese queriendo. Comienzo a tatarear mientras camino. Entonces advierto una tienda de música y decido entrar. Veo muchos CD'S y DVD'S, sobre todo de kpop como era esperar. Empiezo a mirar si hay de Block B o Big Bang, me gustaría llevarles algo a las chicas. Hace tiempo que no les hago un regalo. Hay una oferta: llevándote uno de Big Bang te dan Heartbreaker de G Dragon. Resoplo y pienso en Amy, pobrecita, de verdad que tenemos que animarla y que el maldito este no se pase. Y pensar que yo lo admiraba tanto. Intentare animarla llevándole más que sea el de Big Bang. Al fin y al cabo: Seungri, T.O.P, Daesung y Taeyang no tienen la culpa de nada. Coloco el nuevo CD de Block B en mis manos y me dirijo a pagar, pero veo un grupo de chicas coreanas en un rincón muy emocionadas. Algunas llevan el uniforme del colegio. Me intento hacer a un lado entre ellas, y entonces veo un enorme cartel con los componentes de EXO, incluido mi increíble Kai. Están vendiendo Love me Right de manera individual, es decir a modo de single.
- ¡Sehun es tan atractivo! -dice una.
- ¡Quiero casarme con D.O! -dice otra.
- ¡Me lo llevaré y lo reproduciré hasta que me canse!
- ¡Mirad a Kai en ese cartón! ¡Dan ganas de pedirle ser tu novio! -dice una. De repente siento algo en mi pecho, algo que no había sentido hace mucho tiempo, es una mezcla entre pena y frustración. El comentario... ¿Ha llegado a molestarme? Todas están mirándolo, pero él es mío ahora. Me pertenece a mí. Esas chicas son un reflejo de lo que yo era antes, se contentan con tener a Kai en un cartón, y ni siquiera saben que se encuentra en este mismo edificio a dos metros de ellas. Creo que me siento mal. Dejo a todas allí comentando sobre Xiumin, Chen y nosequien más y pago los CD'S de mis amigas. Espero que Amy le contente tener Heartbreaker, creo que sólo tenía Coup d' etat, el cual se lo había regalado su tía.
Camino largo rato e intento distraerme. Sigo pasando por delante de varias tiendas, pero apenas me fijo en los escaparates. La gente pasa a mi alrededor y algunos me miran, notan que soy extranjera. Estoy empezando a tener hambre, ya que sólo he comido unas galletas que he compartido con Kai en la SM. Miro la hora y va a ser la una de la tarde. Más bien deberíamos comer. Vaya, acabo de pensar en plural, es decir, pensando en Kai. Me sonrojo. Sigo caminando metida en mis pensamientos, de nuevo la mirada de Kai golpea fuertemente en mi mente. De repente me paro. Un escaparate ha llamado mucho mi atención. Creo que nunca he dicho esto, pero otra de mis grandes pasiones además del taekwondo es dibujar. Cuando me paro veo una gran caja llena de pinturas, que viene con un par de lienzos y un caballete. Además te regalan un set de pinceles. Estoy alucinando, vale una pasta. Los lienzos son de todos los tamaños, y el caballete es el más grande que he visto nunca. Las pinturas son de una marca muy buena, debe ser una tienda especializada para artistas. Noto una presión en mi hombro, y al ver su mirada sobre la máscara me tranquilizo.
- Me has asustado Oppa -le digo.
- Lo siento.
- Has acabado muy rápido -sonrío.
- He intentado que sea breve, tengo que pasar el tiempo contigo -sonríe tras la máscara. Mis mejillas sonrojan. Mira mi bolsa-. ¿Te has ido de compras?
- He comprado algo para mis amigas
- Eres adorable -dice Kai. Mi corazón bombea. De repente mira a todos lados-. No podemos detenernos mucho, lo siento...
-No pasa nada, vamos -digo cogiéndole la mano. Tiro de Kai pero él no se mueve. Cuando miro hacia atrás veo que está mirando el escaparate con el set de pintura con el que yo andaba babeando-. ¿Oppa?
- ¿Estabas mirando esto? -dice. Me acerco a él y le siento. Él coloca su brazo por mis hombros.
- Me encanta dibujar, pintar... Es otra de mis grandes aficiones -Kai me mira-. En casa, cuando intento relajarme me pongo a dibujar y practicar... Es mi manera de desconexión además del taekwondo...-digo mientras admiro como Kai el escaparate.
- Entonces...-dice tras el silencio-. ¿Te gusta dibujar? -sonríe.
- Me gusta mucho -digo. Kai me mira y yo le respondo de la misma manera.
- Ya sé otra cosa de ti -él sigue mirando por unos segundos pero luego nos ponemos en marcha con rapidez. De nuevo nos dirigimos al ascensor-. ¿Quieres comer algo?
-Estoy hambrienta -digo sonriente.
- De acuerdo -Kai empieza a telefonear una vez estamos en el coche. Aprovecho yo también e intento llamar a Amy. Kai baja la voz de repente y no entiendo el porqué, supongo que estará diciendo algo confidencial, pero me extraña en él. Cuelgo porque no me lo coge. Intento llamar a Misa. Kai termina de hablar y vuelve a marcar otro número-. Mesa para dos -logro oírle esta vez-. Estamos de camino, adiós -cuelga, yo igual, mis amigas no están disponibles, supongo que Misa seguirá haciendo limpieza con Ukwon-. Vamos a ir a comer -me sonríe Kai. Aplaudo feliz-. ¿Te gusta el arroz? -asiento-. Entonces te va a gustar.
- Bueno Amy, eres una mujer hecha y derecha. Tienes que poder con esto. Has llegado hasta aquí. Eres firme, tienes las ideas claras-digo a mi yo del espejo-. No en realidad no -me contemplo al espejo y me miro de arriba abajo, incluso la espalda. Viendo que no tengo ninguna mancha busco mi mochila, pero fantásticamente me acuerdo que la tiré en el suelo cuando le gritaba a GD-. Genial -digo mientras resoplo. Me tengo que enfrentar con él otra vez. No decido perder más tiempo, voy directa a la puerta con velocidad y cuando salgo al pasillo me detengo en seco ante un olor muy agradable. Lo sigo hasta el salón y veo como G Dragon está comiéndose una pizza, sentando en su gran mesa de cristal. Le miro con deseo, pero no por él, sino por la deliciosa pizza con queso que se derrite entre sus manos.
- ¿Quieres comer o no? -me dice con la boca llena.
- ¿Puedo? -digo mientras me relamo. Él asiente, me acerco a la mesa, y sin pensarlo me siento enfrente de él, cojo un pedazo de pizza, la cual está ardiendo, pero tengo tanta hambre que me da igual, me he pasado todo el día encerrada en el cuarto, sin tomar nada de almorzar o merendar.
- Tienes hambre ¿eh? -sonríe él. Ni siquiera le miro porque me estoy comiendo la pizza de queso más deliciosa de mi vida. GD apura su trozo y sonríe. Apoya los codos en la mesa y me observa comer. Apuro mi trozo de pizza. Respiro de felicidad al acabarlo.
- Está delicioso -digo casi echándome a llorar. Él ríe. Me paro en seco, creo que es la primera vez que le veo reír con sinceridad en todo este tiempo. Me impacta tanto que no puedo dejar de mirarlo, y al parecer él a mí tampoco. Cuando termina está sonriendo.
-Come, no has comido nada -dice. Empuja la caja de pizza hacia mí. Se recuesta en la silla, pero no para de mirarme, y es algo que no soporto.
- No puedo comer si me miras...
- Lo siento -dice desviando la mirada. Cojo otro trozo-. Pediré otra si no te es suficiente -le miro de mala gana-. No has comido nada en todo el día, tienes que comer.
- Si me hubieras dejado...
- Si hubieras salido del cuarto -me responde. Resoplo y dejo el trozo de pizza sin acabar en la caja.
- ¿Ya estamos otra vez? ¿Sabes qué? Sólo venía a por mi mochila, y del hambre me he sentado a cenar contigo, deberías sentirte agradecido -digo enojada.
- Uuhh -dice él poniendo una expresión que acompaña a lo que dice-. ¿Qué yo debería sentirme agradecido por cenar contigo? -le miro intensamente-. ¿No te estarás confundiendo de rol verdad?
-Para nada, esta mañana comprobé que te encanta tener la compañía de una mujer -digo asusta. Él ríe y se muerde el labio.
- A ti también te gusta la compañía de un hombre -dice juguetón. Se apoya en la mesa, acercándose-. Sólo que te gustaría más que ese hombre fuera yo.
- ¡Basta! -digo poniéndome en pie. Me arde el pecho y las mejillas. De nuevo esa mezcla de odio y deseo. Respiro fuertemente.
- Perdón...-dice de nuevo alzando sus manos-. Encima que me gusta jugar contigo -ríe-. Te hago una cena romántica y así me lo agradeces.
- Oh si, una pizza, por favor, no te hubieses tomado tantas molestias...
- Si no quieres más la tiro. -dice haciendo ademán de llevarse la caja. La cojo al instante, deteniéndolo.
- Si tocas esta caja otra vez te mato -me siento de nuevo en la mesa. Ríe. Se levanta mientras yo sigo comiendo. Al rato vuelve y deja algo sobre la mesa, lo reconozco al momento: mi mochila.
- La guardé cuando la tiraste al suelo con violencia -desvía la mirada. Yo sigo comiendo-. Creo que me iré a dormir.
- Pues que descanses -digo con la boca llena, ni siquiera le miro. Él se acerca, separa la silla que hay a mi lado y se sienta. El silencio se hace brutal, creo que sólo se me puede oír masticar.
- De verdad que lo siento -dice de repente. Termino el trozo y le miro-. Hagamos una tregua -me mira esta vez. Yo me sonrojo y desvío la mirada-. No podemos estar todo el día como el perro y el gato -Veo como me mira a los ojos y luego dirige la mirada a mi boca, oh no, conozco como va a acabar esto. Me levanto de golpe y me dirijo a la cocina.
- Eso es algo inevitable -digo nerviosa. Él se levanta y me sigue hasta dónde estoy, me ofrece una servilleta blanca con la mano. De verdad parece una señal de paz.
- Podemos intentarlo -dice sonriente. Cuando voy a coger la servilleta él se adelanta y me limpia la comisura lentamente-. Me gusta el tomate pero no así -mi corazón va muy rápido. Me aparto bruscamente. Oigo como se ríe y me sigue-. ¿Qué me dices?
- Po...Podría ser... -digo nerviosa. GD se pone ante mí, y de repente me tira de mi coletero, dejando caer todo mi pelo. Me ha dolido un poco, y furiosa me pongo a saltar para coger lo que me pertenece-. ¿Eres tonto? -le grito. Sigo saltando para llegar a mi coletero, tiene su mano en alto.
- Así no va a salir bien -ríe. De repente me doy cuenta que salto muy cerca de él. GD baja lentamente el brazo y me da el coletero-. Tienes que ser más divertida ¿sabes? -estoy avergonzada e intento hacerme mi coleta de nuevo, odio el pelo suelto cuando hace calor. Cuando levanto mi cabeza para coger mejor el cabello él me está mirando-. A mí me gusta más el pelo suelto -sonríe dulce. Mis mejillas arden, tengo que desviar la mirada-. ¿Nerviosa otra vez? -dice buscando mi mirada.
- Si me defiendo me dirás que no soy divertida...-digo. Él se sorprende y ríe.
- Buenas noches Amy -dice antes de irse-. ¿Por qué dormirás aquí no?
-Claro -intento sonreír mientras finalizo la coleta.
- Hablando de eso -dice volviendo hacia mí. Jope...-. Hagamos una cosa, duerme aquí los fines de semana ¿vale? Sólo los fines de semana.
- ¿Por qué tienes tanto interés de que me quede? -digo molesta. Él parece avergonzado y rasca su cabeza.
- Sólo quiero, establecer más lazos de amistad, no nos llevamos muy bien...
- Haber sido más educado al principio...
- Dime sí o no -dice insistente.
- Tengo que pensarlo -digo haciendo ademán de irme, pero él atrapa mi muñeca, y tengo que mirarlo.
- ¿Sí o no? -dice serio. Estoy contemplándole, y mi corazón chilla que le diga que sí y le bese. Deseo tanto quedarme, no sólo ahora sino cualquier noche. Trago saliva.
- Sí -él sonríe enormemente al oírme. Se acerca.
- Buenas noches princesa -me pica el ojo-. ¡Oh! Toda princesa tiene un beso de buenas noches -levanta las cejas.
- No hace falta -digo corriendo a mi habitación. Él me sigue.
- Venga -dice bromista mientras intenta retenerme. No puedo contener la risa y juego con él, ambos estamos riendo y no sé cómo lo estamos consiguiendo. Me coge en peso y le doy pequeñas tortas en su espalda.
- ¡Bájame! -grito entre risas. Él sigue riendo. Vamos por el pasillo, el casi no puede conmigo. De repente me quedo abrazada a él, es todo tan extraño. Estamos abrazados de frente. Mi espalda topa con una pared, y entonces, estamos a dos centímetros. Nos miramos mientras respiramos-. No me gusta esta posición -digo entre respiraciones. Casi no puedo decir nada, pero mirarle a los ojos tan cerca es extrañamente relajante.
- A mí me encanta -dice con su voz ronca. Nos ponemos serios y nos estamos mirando, de nuevo él mira mi boca y yo la suya.
- Bájame -digo. Él niega con la cabeza. Me tiene, ahora sí que sí, no puedo huir, estoy entre una pared y él, no hay huida posible. Me aprieta más por las caderas, como si no me quisiese dejar ir-. Por favor bájame...-digo desviando mi rostro hacia otro lugar. No sé qué pasará aquí.
- No estoy jugando ahora -dice muy cerca de mí. Le miro y él me mira, su mirada me está llegando al alma, y sé lo que quiere, no puedo creerme que esté pasando.
- No puedo -digo. Mentira, claro que puedo, pero estoy demasiado dispuesta como para hacerlo. Él se acerca más, sé que es el fin, su nariz ha tocado la mía. Involuntariamente he cerrado mis ojos, y creo que él también. Su aliento llega a mi boca, estamos tan cerca, puedo sentir el calor, coloco mis manos alrededor de su cuello y entonces....
Temy
Todo está bien, sólo tienes que respirar y esperar. De momento no he visto a nadie, y eso es demasiado extraño. Me he mordido cerca de siete uñas y creo que se me está cayendo el pelo. He tenido que escribirle a las chicas para relajarme, y ¡OH! Para mi sorpresa nadie ha contestado. Me siento sola, sola y desesperada. Como aparezca algún idol de la SM por aquí es que me muero. ¿Y qué le voy a decir? Hola soy Temy, estoy esperando por Kai que está en la ducha... ¿QUIEN ME VA CREER? Guardo el móvil en mi bolso y me revuelvo el cabello nerviosa. Directamente me quito la perfecta trenza que me hice esta mañana. Mis rizos están algo despeinados, pero me da igual, tengo un look natural. Saco un pequeño espejo que tengo en el bolso y miro el morado, ya casi se ha ido, y no sólo por el maquillaje sino por las cremas de Amy. En ese momento noto un olor extrañamente familiar cerca. Miro desde los tenis hacia arriba y entonces le veo mirándome. Su camisa está algo mojada y pegada al cuerpo. De las puntas de su cabello caen pequeñas gotas.
- ¿He tardado mucho? -dice Kai. Guardo con torpeza el espejo.
- ¡Para nada! –miento. Ha sido una eternidad, y ha merecido la pena por el espectáculo que estoy teniendo.
- He intentado ir deprisa –dice. Se sienta a mi lado en el banco-. ¿Alguien te ha molestado?-niego con la cabeza-. ¡Oh! -dice Kai sorprendido, me mira-. Siento haber sido tan descortés-no sé de qué está hablando-. Estás muy linda-sonríe. Creo que mi corazón va a estallar, y mis mejillas están rosadas, ni idea de porque lo está diciendo, pero vale-. Me gusta el cabello así, te luce bien-entonces agarra uno de mis rizos y lo coloca tras la oreja. Noto como se sonroja y se aparta-. Te… Tenía pensado algo para hoy... Pero tendremos que ir con cuidado, tú me entiendes...-le miro de reojo-. He quedado en un centro comercial con un decorador del hogar, tengo algunos problemas con unas habitaciones de mi apartamento...Tendrás que estar sola un rato, pero prometo recompensártelo después- ese comentario hace volar mis fantasías, pero recobro la compostura cuando me sonrojo por mi pensamiento sumamente sucio. Entonces le miro, y con fuerza le sonrío.
- Kai no pasa nada, entiendo que estés ocupado y yo soy una carga.
- Ya te he dicho que ahora eres mi carga -dice mientras se acerca y me pasa el brazo por los hombros. Me sonríe muy cerca de mi cara, y noto como el pecho me va a mil y mi rostro arde. Los labios de Kai son más bonitos de cerca, MUCHO más bonitos. De repente algo cae sobre mi nariz. Está frío, miro hacia arriba y veo como el cabello de Kai sigue goteando, río. Él se aparta-. Lo siento Temy -coge la toalla que tenía en la mano e intenta secarse.
- Yo lo haré -le digo valiente. Él parece sorprendido, pero me sonríe mientras me ofrece la toalla. Se pone de espaldas a mí y con delicadeza empiezo a secar su cabello en círculos, lo inclino más hacia atrás, pero Kai sigue siendo más alto que yo.
- Tengo una idea -dice Kai-. Siéntate hacia delante –me extraño al momento, pero así hago. Cuando estoy colocada, veo como él deja todo y se sienta en el suelo, colocándose entre mis piernas. Estoy algo en shock pero empiezo a secar con nerviosismo. No soy muy experta en secar la cabeza, pero lo suelo hacer con mi madre en casa, y según ella lo hago de una manera muy relajante. Creo que Kai estaría de acuerdo con mi madre. Simplemente por el hecho de cómo se comporta mientras le masajeo. Noto como algo en mi corazón salta cada vez que respira o muestra que le gusta mi manera de secarle. De repente se deja caer hacia atrás con los ojos cerrados, y tengo que parar. Mi corazón bombea fuertemente. De repente abre los ojos y nos estamos mirando.
- O...Oppa -digo muy nerviosa.
- ¿Sabes qué? -su mirada toca mi corazón, y yo viajo un millón de veces a la galaxia-. Sigues siendo bonita desde abajo. -sus mejillas están sonrojadas. Yo no paro de mirarle, ninguno podemos parar de mirarnos. Él sonríe dulcemente y no puedo evitar imitarlo, por primera vez me siento relajada, Kai me transmite buenas vibraciones, creo que su confianza puede a mis nervios. Me encanta cuando se le ve confiado. Aún estamos mirándonos, él desde abajo y yo desde arriba. Es inevitable que piense en el famoso beso de Spiderman y MJ... ¡dios pero que estoy diciendo de besos! Se incorpora, y su pelo está más seco. Le ofrezco la toalla y la guarda en su mochila, luego se la coloca al hombro y antes de seguir caminando para en seco-. ¿Vamos? -sonríe, me ofrece su mano. Estoy algo impactada. Me levanto y coloco mi bolso. Le cojo la mano a Kai y cuando la tengo, estrecho nuestros dedos, esto hace que él se pare y me mire.
-Así mejor ¿no? -digo algo nerviosa. Pero Kai sonríe.
- Sí, así es mejor -dice dulcemente.
Cuando estamos en el coche Kai vuelve a su estado pensativo. Yo intento imitarle, pero no puedo parar de recordar una y otra vez el momento que hemos vivido en la sala de las duchas. Tener su mirada tan directa y su cabeza sobre mis piernas ha sido demasiado. El chofer lleva rato manejando, y de verdad que no sé a dónde vamos. Miro a Kai.
- Oppa -le llamo. Él me mira al instante y sonríe-. ¿Queda mucho para llegar?
- Estamos a punto -dice mientras coge mi mano. Se sienta más cerca de mí. Sin quererlo me apoyo en su hombro. Noto como se asombra pero de inmediato él coloca su cabeza sobre la mía. Entramos como siempre por la parte trasera. Kai espera por mi e incluso me ayuda a bajar del coche, como si se tratase de un cuatro por cuatro. Luego me coge la mano. Parece que se ha vuelto una maldita costumbre encantadora que me mata lentamente. Sin pedírselo él estrecha nuestros dedos y eso puede conmigo más todavía. Suspiro sin quererlo. Kai me indica que este ascensor lo usa el personal que trabaja en el centro comercial y que sea discreta. Al mismo tiempo colocamos nuestras máscaras y llegamos a la penúltima planta. Kai me ha pedido que vayamos solos para que en el corto tramo del ascensor a la tienda, nadie sospeche. Kai apresura el paso, donde él da tres pasos yo doy seis. Tras cinco minutos llegamos a la tienda, la cual está sospechosamente vacía. Entramos por la parte trasera y allí nos está esperando un señor con traje muy elegante. Estoy algo asfixiada por la carrera que nos acabamos de echar, pero intento mantener la compostura. Kai y yo nos quitamos las máscaras. Lo poco que he visto de la tienda me ha encantado. Tiene muebles antiguos de madera y cosas para decorar el hogar. Todo con un look muy sweet propio de Kai-. Siento haber ido rápido -me dice antes de estrechar la mano del señor.
- Tu debes ser Temy -dice el señor mientras me hace un escáner. Sonrío tímida y le estrecho la mano. No me la quiero jugar, pero juraría que a Kai no le ha gustado la mirada que me ha echado el señor. Es bonito soñar-. Mientras yo hablo con él puedes ir a mirar tiendas, hay cosas muy bonitas en esta planta -me sonríe Kai-. ¿Necesitas dinero, alguien que vaya contigo o algo así?
- ¡No, no por favor! -digo enseguida-. Nos vemos luego Oppa -él sonríe al oír esto, he notado que le gusta mucho-. Encantada -digo mientras hago una breve reverencia al señor, él me responde de igual manera. Comienzo mi paso hacia la salida. Cuando estoy a punto de salir oigo algo.
- ¡Temy! -miro hacia atrás y veo a Kai. Entonces besa sus dedos y me manda un beso volado. Luego me guiña el ojo. Creo que voy a morir. Intento responderle de la misma manera pero sólo me sale agitar mi mano en señal de adiós.
Cuando salgo de la tienda algunas personas que pasan por allí me miran extrañadas. Para intentar no levantar sospechas me coloco la máscara que Kai siempre me ofrece. Me la acabaré quedando creo. Comienzo a caminar y veo muchas tiendas. La verdad, es que como decía Kai, solo veo tiendas muy lindas, desde jugueterías, hasta tiendas de ropa de bebé. Me pregunto si Kai se pararía en esta última. Hablar con un idol de bebés es demasiado, y no creo que nunca nadie se haya atrevido a cuestionarlo. Puede que si me da tiempo en estos tres meses y me envalentono se lo pregunte a Kai. Sigo caminando y veo cafeterías y lugares donde tomar té. Me doy cuenta de que camino entre la multitud, y puede que entre ella fans de EXO estén escuchando a Kai por su ipod. Yo sin embargo, me limito a caminar fingiendo que no estaré con Kai por tres meses. Soy la chica más afortunada del mundo. Saco mi ipod y empiezo a escuchar EXO. En la lista de reproducción aleatoria sale Love me Right. Río ante la ironía, ni que fuese queriendo. Comienzo a tatarear mientras camino. Entonces advierto una tienda de música y decido entrar. Veo muchos CD'S y DVD'S, sobre todo de kpop como era esperar. Empiezo a mirar si hay de Block B o Big Bang, me gustaría llevarles algo a las chicas. Hace tiempo que no les hago un regalo. Hay una oferta: llevándote uno de Big Bang te dan Heartbreaker de G Dragon. Resoplo y pienso en Amy, pobrecita, de verdad que tenemos que animarla y que el maldito este no se pase. Y pensar que yo lo admiraba tanto. Intentare animarla llevándole más que sea el de Big Bang. Al fin y al cabo: Seungri, T.O.P, Daesung y Taeyang no tienen la culpa de nada. Coloco el nuevo CD de Block B en mis manos y me dirijo a pagar, pero veo un grupo de chicas coreanas en un rincón muy emocionadas. Algunas llevan el uniforme del colegio. Me intento hacer a un lado entre ellas, y entonces veo un enorme cartel con los componentes de EXO, incluido mi increíble Kai. Están vendiendo Love me Right de manera individual, es decir a modo de single.
- ¡Sehun es tan atractivo! -dice una.
- ¡Quiero casarme con D.O! -dice otra.
- ¡Me lo llevaré y lo reproduciré hasta que me canse!
- ¡Mirad a Kai en ese cartón! ¡Dan ganas de pedirle ser tu novio! -dice una. De repente siento algo en mi pecho, algo que no había sentido hace mucho tiempo, es una mezcla entre pena y frustración. El comentario... ¿Ha llegado a molestarme? Todas están mirándolo, pero él es mío ahora. Me pertenece a mí. Esas chicas son un reflejo de lo que yo era antes, se contentan con tener a Kai en un cartón, y ni siquiera saben que se encuentra en este mismo edificio a dos metros de ellas. Creo que me siento mal. Dejo a todas allí comentando sobre Xiumin, Chen y nosequien más y pago los CD'S de mis amigas. Espero que Amy le contente tener Heartbreaker, creo que sólo tenía Coup d' etat, el cual se lo había regalado su tía.
Camino largo rato e intento distraerme. Sigo pasando por delante de varias tiendas, pero apenas me fijo en los escaparates. La gente pasa a mi alrededor y algunos me miran, notan que soy extranjera. Estoy empezando a tener hambre, ya que sólo he comido unas galletas que he compartido con Kai en la SM. Miro la hora y va a ser la una de la tarde. Más bien deberíamos comer. Vaya, acabo de pensar en plural, es decir, pensando en Kai. Me sonrojo. Sigo caminando metida en mis pensamientos, de nuevo la mirada de Kai golpea fuertemente en mi mente. De repente me paro. Un escaparate ha llamado mucho mi atención. Creo que nunca he dicho esto, pero otra de mis grandes pasiones además del taekwondo es dibujar. Cuando me paro veo una gran caja llena de pinturas, que viene con un par de lienzos y un caballete. Además te regalan un set de pinceles. Estoy alucinando, vale una pasta. Los lienzos son de todos los tamaños, y el caballete es el más grande que he visto nunca. Las pinturas son de una marca muy buena, debe ser una tienda especializada para artistas. Noto una presión en mi hombro, y al ver su mirada sobre la máscara me tranquilizo.
- Me has asustado Oppa -le digo.
- Lo siento.
- Has acabado muy rápido -sonrío.
- He intentado que sea breve, tengo que pasar el tiempo contigo -sonríe tras la máscara. Mis mejillas sonrojan. Mira mi bolsa-. ¿Te has ido de compras?
- He comprado algo para mis amigas
- Eres adorable -dice Kai. Mi corazón bombea. De repente mira a todos lados-. No podemos detenernos mucho, lo siento...
-No pasa nada, vamos -digo cogiéndole la mano. Tiro de Kai pero él no se mueve. Cuando miro hacia atrás veo que está mirando el escaparate con el set de pintura con el que yo andaba babeando-. ¿Oppa?
- ¿Estabas mirando esto? -dice. Me acerco a él y le siento. Él coloca su brazo por mis hombros.
- Me encanta dibujar, pintar... Es otra de mis grandes aficiones -Kai me mira-. En casa, cuando intento relajarme me pongo a dibujar y practicar... Es mi manera de desconexión además del taekwondo...-digo mientras admiro como Kai el escaparate.
- Entonces...-dice tras el silencio-. ¿Te gusta dibujar? -sonríe.
- Me gusta mucho -digo. Kai me mira y yo le respondo de la misma manera.
- Ya sé otra cosa de ti -él sigue mirando por unos segundos pero luego nos ponemos en marcha con rapidez. De nuevo nos dirigimos al ascensor-. ¿Quieres comer algo?
-Estoy hambrienta -digo sonriente.
- De acuerdo -Kai empieza a telefonear una vez estamos en el coche. Aprovecho yo también e intento llamar a Amy. Kai baja la voz de repente y no entiendo el porqué, supongo que estará diciendo algo confidencial, pero me extraña en él. Cuelgo porque no me lo coge. Intento llamar a Misa. Kai termina de hablar y vuelve a marcar otro número-. Mesa para dos -logro oírle esta vez-. Estamos de camino, adiós -cuelga, yo igual, mis amigas no están disponibles, supongo que Misa seguirá haciendo limpieza con Ukwon-. Vamos a ir a comer -me sonríe Kai. Aplaudo feliz-. ¿Te gusta el arroz? -asiento-. Entonces te va a gustar.
No sé a dónde vamos, pero van a ser las dos. Llevamos como una hora en el
coche y ya me estoy volviendo algo loca. Las chicas siguen sin responderme,
pero sinceramente me da igual. El calor y estar al lado de Kai me provocan pensamientos
indeseados. Finalmente, paramos y en pocos minutos nos encontramos en un
restaurante pequeño pero acogedor. Kai y yo saludamos a la entrada, donde nos
atienden, a la vez quitamos nuestros zapatos y nos colocamos unas zapatillas.
Nos llevan hasta el fondo del gran restaurante, donde se encuentran las salas
reservadas. Sin duda Kai se ha pasado. Tenemos una habitación solo para
nosotros. Nos sentamos uno enfrente del otro
-
¿Te gusta? -dice Kai. Yo no paro de mirar a todos lados con emoción. Siempre
había querido comer de esta manera tan tradicional. Pero reconozco que mi
emoción es más por pensar que estoy teniendo una cita con él.- Era innecesario venir a un sitio tan bonito...
- Siempre tan modesta -dice Kai de manera dulce. Yo me sonrojo-. Otra cosa que sé de ti -nos miramos y él sonríe como de costumbre. De repente la puerta de nuestra sala privada se abre y el camarero apunta unas deliciosas granizadas de fresa. Con la misma se va-. La granizada aquí es deliciosa y refrescante... Espero que te guste.
- Adoro la fresa, y la verdad tenía ganas de comerla en esta época del año... Hace tanto calor de día...
- Tienes razón -dice Kai, entonces de golpe se quita su suéter. Cuando se lo quita la camisa se le sube un poco y he podido admirar su torso perfectamente. Me sonrojo y desvío la mirada. Él se da cuenta y se relame los labios a la vez que sonríe. Jongin acaba de convertirse en Kai, el malvado Kai. Apoya sus codos sobre la mesa y apoya la barbilla en sus manos. Noto su mirada sobre mí, y el silencio hace que mi corazón vaya más deprisa.
- Que raro que no nos hayan tomado el pedido de la comida… -digo con nerviosismo y mirando a todos lados.
- Ya he pedido, en el coche -dice. Le miro esta vez, por eso hablaba tan bajo-. De hecho nos traerán todo junto ahora. Me gusta mucho este restaurante por este tipo de servicio. Vengo aquí a veces con los miembros -cuando los camareros empiezan a entrar a nuestra sala estoy alucinada. Miles de platos tradicionales se ponen ante nosotros, sobre la mesa, seguido de las granizadas, que son enormes. Es imposible que me la coma toda. Kai y yo pasamos un almuerzo agradable, tan agradable, que pasamos la tarde allí. Después de comer ha pedido un gran trozo de tarta de fresa. Es tan dulce con esos detalles, no he sabido ni que decirle en cuanto he visto las fresas que acompañaban al pastel.
- Pero sólo hay un trozo...- ¿Tienes problema por compartir? -dice Kai mientras se lleva un buen trozo a la boca. Noto en él ese acercamiento que intenta continuamente. Me es extremadamente dulce que haga estas cosas sólo por intentar que perdamos el pudor. En seguida me sonrojo ya que de nuevo, mi corazón va a mil. Tomo con nerviosismo la cuchara y tímidamente cojo un trozo-. Las fresas son para ti -señala. Yo asiento. Kai observa como tomo pequeños trozos de la tarta. En seguida, él como de costumbre apura un buen trozo y me lo ofrece desde el otro lado-. Me comeré yo solo la tarta si sigues de esa manera...
-¿Qui...Quieres que coma de tu cuchara? -digo casi sin poder hablar. Kai asiente.
- Mi brazo tiene un límite -dice él. Me adelanto y casi con torpeza como el trozo de tarta que Kai me ofrece. Él me observa, y mientras mastico parece feliz.
- Está fría...-digo notando las fresas casi congeladas.
- Eso es lo divertido -ríe Kai. Tomo de la granizada, aunque ahora que lo pienso, no sé si ha sido buena idea. Cuando la tarta y las fresas desaparecen del plato que compartimos miro mi reloj, van a ser las seis y media. Reviso mi teléfono móvil al igual que Kai, ninguna llamada de las chicas, sólo de mis padres.
- Estoy llenísima -resoplo-. Gracias Kai -digo dulcemente.
- No hay de qué -sonríe feliz.
- Debo llamar a mis padres, estarán preocupados -digo levantándome. Kai se levanta y me acompaña hasta la salida. Mientras yo hablo con mis padres él paga, a pesar de mis insistentes peticiones en compartir la cuenta. Siento algo en mi corazón muy dulce, de verdad estoy sintiendo cosas bonitas por Kai. Son evidentes las anteriores a conocerle, pero ahora todo es más real y me está tratando muy dulce. Cuando sale el también hace una llamada, como de costumbre corta. Esperamos al coche pacientemente en un lugar alejado del restaurante, ya que había tránsito de personas. De nuevo, llevamos las máscaras puestas.
Tras un rato un coche llega, Kai lo reconoce a la primera, me abre la puerta y entro primero. No sé si es por estar tan llena o por la paz que siento pero me dejo dormir sobre Kai como la primera vez. El viaje será de una hora, como el que hemos hecho para llegar al restaurante. Cuando entreabro los ojos veo como está oscureciendo. Advierto algunos rascacielos, entonces miro más arriba de mí y veo a Kai, quien tiene sus auriculares puestos. Al igual que yo se ha dormido apoyado en su mano, ya que su brazo está recostado en el posa brazos. Sonrío para mí misma, verle dormir por primera vez, y tan cerca es algo que mueve mi corazón a pasos agigantados. Y pensar que tiene tanta confianza como para dejarse dormir conmigo es algo que me puede. Miro el reloj y van a ser las ocho menos cuarto. El viaje nos ha llevado lo suyo. Lo poco que puedo ver por la ventana no me suena, debemos estar lejos todavía del centro de Seúl.
Tras un rato Kai se despierta lentamente, retira sus auriculares y me mira. Aunque yo me he hecho la dormida de nuevo, quiero que se acerque a mí para despertarme. Tras un rato ha llegado la hora de la verdad, Kai empieza a acariciarme la mejilla con cariño para despertarme. Oigo como me llama de lejos pero sigo haciendo esfuerzos para no irme.
-... Tengo una sorpresa para ti... -dice de repente. Sin evitarlo abro los ojos como platos, Kai queda sorprendido.
- ¿Más sorpresas? -digo. Él ríe. De repente me doy cuenta que estamos en un garaje, Kai y yo llegamos a un ascensor y allí empezamos a subir. No puedo decir nada de los nervios y menos él. Kai está nervioso y no sé porque, incluso se lo puedo notar por la forma que se revuelve el pelo. Se relame los labios varias veces y me mira. Yo no puedo evitar morderme los labios- ¡Auch! -exclamo al notar algo desagradable en mi labio.
- ¿Qué ocurre? -dice Kai acercándoseme.
- Me he hecho daño en el labio -digo intentando sacar un pañuelo de mi bolsillo.
- Déjame ver -dice. No puedo resistirlo, así que le dejo. Kai no para de mirarme los labios, y ya no sé si lo hace adrede pero se relame una y otra vez-. Es un pequeño corte, se te pondrá bien... ¿Cómo...?
- Me he mordido el labio -le digo mientras me limpio la sangre- Creo que estaban demasiado secos por el calor -entonces me percato. Miro a Kai con pánico. Él sonríe. Sus pulgares acarician mi labio inferior.
- Están fríos... Debe ser culpa de la granizada...-sonríe. El ascensor suena y se abren las puertas. Vaya hombre. Sigo a Kai por un largo pasillo, finalmente llegamos a una puerta, sé lo que está a punto de pasar... ¡Al fin! Tenía tanta envidia de Amy y Misa por ello-. Bienvenida a mi apartamento -dice Kai abriéndome la puerta. Me deja pasar primero. En el descansillo quito mis zapatos. Ante mí se muestra un gran espacio, la entrada es muy del estilo Kai. Un lugar donde poner los zapatos, un colgador y una mesa con varias cosas. A la derecha hay un pequeño armario, seguido en la esquina de una hermosa chimenea de piedra. Delante de ella hay un cómodo sillón, y al lado de este un baúl con una lámpara tenue. Me sorprende lo bien que huele la casa y lo recogido que está todo. En medio de la sala hay un grandísimo sofá. Seguramente Kai lo haya comprado adrede para que quepan todos los chicos de EXO. Delante de él como es costumbre, una televisión. Tras de sí hay una gran mesa, casi igual de grande como el sofá. Y por supuesto una cocina. Más a la izquierda hay una gran sala abierta. Kai se adelanta y enciende las luces de esta sala con orgullo-. Esta es mi sala favorita -le sigo. Ante mi veo una gran sala llena de espejos, el suelo, como toda la casa es de parqué, hay bancos, y un gran equipo de música. Está claro que es la sala de baile privada de Kai-. Había una habitación de invitados, pero la cambie por esto -no para de mirarla-. Sigamos -sonríe. Kai me lleva hasta la chimenea y el sofá. Tras de ellos se abre una pequeña terraza. Kai tiene un armario, un banco de madera y la izquierda una especie de huerto a modo de maceta, sin embargo no tiene plantado nada-. No tengo tiempo para plantar... El trabajo... Supongo que ahora podría plantar fresas- sonríe. Yo también lo hago, pero no puedo mirar eso, sino las vistas que me ofrece la terraza. Kai me acompaña. El viento me da en toda la cara, es fantástico-. Si te gustan las terrazas deberías ver algo...-sigo a Kai, al lado de su sala de baile hay un baño, seguidamente tenemos una escalera de caracol. Entonces subimos a la planta superior, donde hay un gran descansillo. En él hay desde un armario a estanterías con libros, pero lo más increíble y que me quita el aliento es un gran piano de cola, de color blanco en el medio. Kai se dirige a lo que parece su habitación, pero se para el ver como con emoción me acerco al piano, casi no puedo tocarlo-. ¿Estas bien? -pregunta casi riéndose. Mis ojos aguados lo dicen todo.
- Es precioso.
- Está algo sucio... No lo uso -dice. Le miro asombrada.
- ¿Puedo? -Kai se asombra cuando le pregunto.
- ¿Sabes tocar el piano?
- Algo sé...Tomé clases cuando era más pequeña...
- ¿Hay algo que no puedas hacer? -me sonríe Kai muy de cerca. Yo tomo asiento frente al piano, Kai también. El banco es lo suficientemente grande para los dos. Levanto la tapa. En las yemas de mis dedos noto el polvo, pero no me importa. Toco suavemente una tecla. El piano está algo desafinado, pero no demasiado. Toco con timidez una tecla, pero me pongo nerviosa acordándome de quien tengo al lado. Kai no para de mirarme risueño-. Toca por favor -me dice-. Hace tiempo que no oigo música hermosa aquí...-sonrío. Empiezo a tocar y la melodía que me viene a la cabeza es Miracles in December. Kai sonríe al reconocer la melodía. Y cuando la letra empieza él comienza a cantar. Cierra los ojos y yo no puedo parar de mirarle. Su voz por mis oídos es lo más bello que he escuchado nunca. No estoy acostumbrada a oírle cantar este tipo de canciones, y se nota que no es lo suyo, pero su voz acapella, es el mejor regalo del día. Del nerviosismo me equivoco en una tecla y paro en seco, Kai conmigo.
- Lo siento -digo tímida.
- Tocas genial -sonríe Kai.
- También practico en mis ratos libres...-sonrío.
- Este piano será para ti...Yo no sé tocar...
- Kai...No me puedes regalar un piano así como así...
- Pues enséñame a tocar...-sonríe. La proposición hace que me agite, pero a la vez me gusta.
- De acuerdo -sonrío decidida-. Mañana empezaremos. -él me sonríe de nuevo. Cuando nos levantamos Kai abre la puerta de la habitación que está detrás del piano: es su habitación. Es enorme y apenas tiene decoración. A la derecha hay una estantería con forma de L, es decir, adaptada a la esquina. Seguidamente está su cama, que es la más ancha que he visto nunca. Y pensar que él duerme sólo ahí...Todo está muy ordenado, incluso la pequeña estantería que tiene al lado de la cama con sus CD's favoritos. Enfrente tiene un equipo de música, con grandes altavoces. En la otra esquina, al lado de la puerta hay un espejo y en la pared, fotos de su infancia y familia. Un día las miraré con más detenimiento. Kai tiene conexión directa desde su habitación con un baño.
- Tú también puedes utilizar este baño, puedes acceder desde el pasillo-me indica. El baño tiene una bañera, una ducha y todo lo necesario para ser un baño. Kai también cuenta en su habitación con un gran ropero. Salimos de su habitación y llega el momento-. Temy...-me hace mirarlo antes de entrar-. Sólo espero que te guste y se adapte a lo que... Bueno...-le cojo la mano.
- Estoy segura de que me gustará -le sonrío. Kai abre la puerta, y entonces veo ante mí la habitación más hermosa del mundo. A la derecha hay un armario que se adapta a la esquina del cuarto. Hay un tocador y una cama enorme con dos mesillas de noche. Enfrente a la cama tengo una pequeña terraza... ¡Sólo para mí! Esas vistas deben ser mejores que las de abajo. Kai no para de mirarme feliz. Yo estoy todavía admirando la cama. Justo al lado de la terraza tengo un escritorio, y entonces... Al lado de este lo veo. Y no puedo evitarme echarme a reír y llorar... Al lado del escritorio, ocupando toda esa esquina, hay con un lazo enorme un gran caballete, a sus pies una caja de pinturas y un bote lleno de pinceles nuevos. Exacto, es el que vimos esta mañana en el centro comercial.
- Sorpresa -sonríe Kai con las manos en los bolsillos.
- ¿Cómo? -digo quitándome las lágrimas. Kai se acerca y le abrazo.
- Hice unas llamadas...Y lo compré para ti... Quería que estuvieses a gusto el tiempo que te quedes...
-Esto es demasiado, era mucho dinero...
- No para mí -sonríe Kai-. No pude evitar comprártelo cuando vi como lo mirabas...
- Es precioso...-digo todavía extasiada.
-Temy...-me llama. Le miro-. Siento haber tardado tanto en traerte aquí -se rasca la cabeza-. No quería traerte hasta que estuviera todo perfecto. El decorador se había retrasado con la decoración de tu cuarto, por eso fui esta mañana a verle, a ver si ya había ultimado los detalles. Luego tenía ese espacio ahí, y me pareció perfecto lo del caballete y las pinturas... Por eso retrasé tanto la hora de llegar. Quería que entrases y vieses todo perfecto, tal y como yo quería....
-Eres genial -digo sin poder evitarlo. Le abrazo otra vez. Me encanta abrazar a Kai. Puedo sentir en su pecho como está nervioso, pero también puede que sea por la felicidad que le produce verme así, y es que esta habitación es hermosa. Miro mi reloj entonces, ya es tarde, van a ser las nueve-. Debo irme al hotel...-digo con pena. Kai me mira y me acompaña al piso de abajo, entonces, cuando estoy a punto de colocarme mis zapatos el me detiene sosteniéndome la mano.
-Temy... ¿Y si te quedas esta noche? Es tarde para... Para volver...-no sé dónde estoy ahora, he perdido el tino. No encuentro mi circulación ni tampoco lo que conecta a mi cerebro, porque no estoy coordinando nada de lo que está pasando. Sólo veo a Kai de EXO preguntándome si quiero quedarme a dormir en su apartamento.
- ¿Dormir? -digo tras un rato. Él asiente-. Pero, no tengo ropa...-Kai sonríe pícaramente, creo que ya me estoy acostumbrando a esa sonrisa. Suelta mi mano y se acerca al armario que hay cerca de la entrada, de allí saca una bolsa.
- Hay un pijama creo, y más cosas que puedes necesitar -dice dándome la bolsa. La empiezo a investigar, no quiero aceptarla pero me muero de la curiosidad-. No he comprado yo nada, o sea, si lo pagué pero mandé a una de mis asistentes a comprarlo...
- Kai... ¡Hay hasta cremas!
- Le dije que comprara lo necesario para el cuidado de una chica por la noche...-se e rasca la cabeza-. ¿Es demasiado?
- Sí, no puedo aceptarlo... Es decir, te has gastado mucho dinero en mí ya...Y me siento mal...-digo triste. Kai se acerca y me coge la barbilla para que le mire. Entonces pone su cara de perrito degollado. Hay dios... No voy a poder con esto.
- Me lo pagarás con las clases de piano...Y con tu compañía. No te quejes....
- Va...Vale...
- Conoces la casa,....Sabes dónde están los baños y demás así que... ¡Bienvenida!
Kai
Me siento tan feliz y realizado. No pensaba que pudiese conseguir que Temy se quedase, es más, pensaba que me iba a costar lo mío. Pero finalmente lo conseguí. No es por nada en especial, es por el simple hecho de que no me apetece que nos estén llevando de nuevo, conducir hasta pleno centro de Seúl y tenerla que dejar cruzar sola esa calle tan transitada. Además, aunque me cueste decirlo, odio que Temy vuelva al hotel. Sé que ella se queda con sus amigas pero, no las conozco, y tengo la sensación de que Temy es esa clase de chica que aunque le estén pegando una paliza no diría nada. Aunque la verdad, dudo que le puedan pegar una paliza después de ver su demostración de taekwondo en el concurso. Es una chica fuerte en ese sentido, pero aun así, siento que es sensible, y todo le afecta de manera agigantada. No esperaba que llorase por el regalo, esperaba una reacción típica de fangirl pero no esa. Es algo a lo que rara vez estoy acostumbrado. Me gusta conocer a Temy en esta nueva faceta porque es diferente conocer a una fan desde esta perspectiva, es incluso más agradable. Ojalá se pudiera hacer con todas las fans. Por otra parte, me encanta que Temy sea tan responsable y buena estudiante. Por lo que leí en su perfil está haciendo una carrera universitaria con unas notas excelentes. Además toca el piano, dibuja y hace taekwondo. Parece que esta chica es perfecta en todo lo que hace.
Temy ha ido a ducharse al baño de arriba, yo lo he hecho en el de abajo. La verdad es que la ducha me está sentando muy bien después de un largo día. Las gotas de agua me relajan los músculos de una manera fascinante. Me encanta pasarme largo rato bajo la ducha. No quería mojarme el pelo pero lo he vuelto a hacer ya que sentía la necesidad. Cuando salgo me coloco un albornoz y subo a mi habitación, allí me pongo mis pantalones y camisa de pijama, de igual manera mis zapatillas. Espero que Temy pueda ver junto a la cama las zapatillas de conejito que le he comprado. Bajo y enciendo la televisión. Pongo algún programa de entretenimiento pero estoy nervioso porque quiero que Temy baje pronto. Pongo las luces tenues de la casa. La noche ha llegado a Corea. De mi cabeza siguen cayendo gotas que empiezan a molestarme. Verdaderamente, Temy tarda demasiado y me impaciento. Me acerco a la escalera.
- ¡Temy! ¿Tienes hambre?
- ¡No mucha! -me responde en la lejanía.
- ¿Prefieres cenar más tarde?
- ¡Sí! -dice con voz dulce. Sonrío para mí mismo, voy para el baño y lo ordeno, ya que como de costumbre lo he dejado algo desordenado. Ahora que prácticamente voy a convivir con una chica tengo que empezar a responsabilizarme de ciertas cosas. Antes de terminar cojo una toalla pequeña del armario para intentar secarme pelo. Me siento en el sofá mientras veo la televisión. Al rato oigo unos pequeños pasos bajando la escalera, me giro a mirarla con la toalla en la cabeza. Temy está con un pijama de pantalón largo y camisa, y en sus pies lleva mis zapatillas. Está tan mona. Le sonrío-. Gracias por las zapatillas, son preciosas...
- Te queda muy bien el pijama -le digo. Y es verdad, algo holgado, pero perfecto para dormir.
- Es muy cómodo... Espero que no hayas esperando demasiado -se sienta cerca de mi en el sofá.
- Lo justo y necesario -digo mientras sigo mi tarea de secarme el cabello. Temy me mira.
- ¿Quieres que lo haga yo?
- ¿Otra vez? -río. Ella asiente. Me siento en el suelo, y Temy en el sofá. Pongo mi cabeza entre sus piernas y ella empieza ese masaje maravilloso sobre mi cabeza-. Te vas a convertir en mi secadora de cabello particular -ella ríe. Sin ni siquiera abrir mis ojos, su risa me trasporta a años luz. Estoy asustado, últimamente todo lo que hace Temy me parece maravilloso, apenas la conozco pero estoy empezando a sentirme extraño. Soy un idol, y no puedo permitirme estas cosas. Sin embargo, hace mucho que no disfruto de una buena y agradable compañía femenina, pero hay algo más que eso. Una compañía sincera, y en Temy se nota. A pesar de todo, nada justifica estos sentimientos e impulsos que siento cuando estoy con ella. No quiero asustarla, aunque sé de antemano que a ella no le importa, pero sé que le apura lo suficiente. Tampoco quiero aprovecharme de ella. No creo que lo esté haciendo, no soy como los otros chicos. No tengo tanta facilidad para entregarme a alguien y no saber ni como se llama al día siguiente. Con Temy es diferente, irradia respeto, y ese respeto es el que yo le quiero ofrecer.
- Listo -dice feliz. Sin embargo me hago el dormido e imito ronquidos. Ella ríe de nuevo.
- Es demasiado relajante... -le digo mientras la miro desde abajo. Noto su nerviosismo desde allí. Lleva el pelo suelto, y me encanta que lo lleve así. Sus cabellos caen hacia delante y siento que de un momento a otro estarán más cerca de mí. Alargo mi brazo sin dejar de mirarla y le coloco un cabello tras la oreja-. Así mejor -respiro hondo, y ella también. Me levanto tras ver como las mejillas de Temy empiezan a tornarse rosadas. Me siento a su lado. Ella deja la toalla a un lado perfectamente doblada.
- ¿Qué te gustaría hacer mañana Oppa? -pregunta dulcemente. Me gusta mucho que me llame Oppa. Lo oigo mucho, y de igual manera lo leo mucho cuando consulto internet. Sé que soy el Oppa de muchas chicas, pero como lo pronuncia Temy, es extrañamente adorable y diferente a las demás veces. No puedo evitar sonreír como un tonto cuando lo hace, y algo dentro de mí se enciende.
- No lo sé... Creo que deberías elegir tu...
- Mañana tenemos pendiente la clase de piano -dice recordándomelo-. Eso estará bien...Yo tengo que ensayar varias horas al día.
- ¿Todos los días? -me pregunta asombrada. Le asiento-. Es normal que estés tan cansado al finalizar el día. Es demasiado esfuerzo para ti, oppa...
- Es mi trabajo, tengo que esforzarme para conseguir bailar de la manera que me gusta -sonrío, ella también-. ¿De verdad no tienes hambre? -miro el reloj de la cocina-. Van a ser las diez, deberíamos cenar algo... ¿Qué quieres cenar?
- Todavía tengo el estómago lleno de la comilona... Algo ligero estaría bien -entonces se me ocurre un plan, me levanto y voy a la cocina.
- Tengo muchas galletas, y dulces... No estoy diciendo que comamos demasiado, pero podríamos hacer una...Meriendicena -me invento sobre la marcha, lo que suscita la risa encantadora de Temy.
- ¿Meriendicena?
- Sí, es una fusión de merienda y cena -digo intentando ser gracioso. Ella ríe. Cojo dos grandes vasos y los lleno de zumo, los acompaño de una pajita. Luego cojo un bote de galletas que tengo. Además también cojo diversos surtidos de bollería. Todos ellos los llevo en una bandeja al sillón. Temy se relame al ver los dulces-. ¿Con qué no tenías hambre eh?
- Sólo un poco -dice tímida. Coge un bollo y abre el paquete. Muerde tímidamente. Su forma de comer es demasiado dulce, en serio. No había visto a nadie dar tan pequeños bocados a la comida. Debo ser una bestia a su lado. Temy y yo nos pasamos comiendo un rato, ella bebe más zumo que come, yo soy al revés, creo que tengo un estómago infinito. Nos pasamos hablando durante horas, horas que me parecen minutos. Temy es una chica muy interesante, le cuesta soltarse al principio conmigo pero es lógico. Intento contarle todo tipo de anécdotas, incluso con los compañeros de EXO, algo que le hace mucha ilusión cada vez que los nombro, tanto en conjunto como por separado-. ¿Es difícil trabajar en grupo? Es decir, ¿sois capaces de coordinaros todo el tiempo?
- No siempre, pero lo intentamos. La verdad, es que excepto fechas oficiales, solemos estar dispersos en nuestras cosas... Yo sobre todo ensayo, y visito a mi familia -ella sonríe-. ¿Te ha gustado la cena?
- Ha sido una de las mejores cenas que he tenido.
- Me alegra oír eso -hago media sonrisa y noto como se pone nerviosa. Me levanto y llevo todo lo sucio a la cocina-. ¿Quieres ver una película?
- De acuerdo, pero tiene que ser una película que a ti te guste -dice Temy. Que dulce, la verdad estoy sorprendido.
- Está bien, pero… Tendrás que demostrarme que eres toda una EXO-L -digo sentándome al lado de ella. Apoyo mi brazo en el sofá y la miro de lado. Ella parece nerviosa pero se coloca de igual manera.
- Estoy lista -dice apoyándose en sus rodillas. Que monada. Me agito el pelo.
- ¿Cuál es mi película favorita?
- Demasiado fácil: Piratas del Caribe, ¿quién no sabe eso? -dice muy segura, pero al instante pone cara de preocupación-. Es decir, yo... Esto... Ha sonado demasiado fan obsesiva... -cierra los ojos y se sonroja.
- No por favor -digo apuradamente, me acerco a ella-. No podría tomarme eso de mala manera... -sonrío-. Arrasa con lo que veas...-digo enarcando una ceja. Temy ríe.
-Y generoso no seas -responde ella. Le extiendo mi palma para que la choque, entonces hacemos un high five.
- Formamos un gran equipo -le sonrío. Ella desvía la mirada. Pongo piratas del Caribe, Temy y yo reímos en las mismas partes. Me cuenta que adora a Jhonny Depp, y yo le digo que es un gran actor. Sin duda tenemos mucho en común. A pesar de que nos sentáramos separados al principio de la película, poco a poco hemos ido compartiendo el espacio del sillón, que aunque sea enorme, nosotros lo hemos convertido en uno minúsculo. Al rato Temy se deja dormir sobre mí, la tapo con una manta que compartimos. Respira muy flojito, parece tan frágil. Sonrío para mí mismo e intento concentrarme en la televisión, sin ni siquiera pensar que una chica tan bonita está sobre mí. De verdad, no entiendo que me pasa, y tengo que aprender a controlar estos impulsos. Temy tiene una imagen de mí que no puedo romper. Sin quererlo caigo dormido. Despierto bien entrada la noche, la luz de la televisión con los créditos finales se deja ver. Alcanzo al mando del televisor y apago la televisión. Miro a Temy quien sigue dormida sobre mí. Aparto lentamente la manta que la cubre. Luego con delicadeza me la quito de encima y la recuesto en el sofá. Cierro las ventanas del salón y la miro. Me da mucha pena despertarla, así que tengo que hacer lo obvio. Cojo a Temy en peso y la llevo cual princesa a su habitación. En la cama la acuesto y la tapo con una manta que había dejado preparada a los pies de la misma. Acaricio su frente antes de irme. No sé si estará acostumbrada a que alguien le dé un beso de buenas noches, así que por si acaso lo haré, de todas formas no se dará cuenta. Mi beso es corto, en su frente. Cierro la puerta y me voy a mi habitación. Estoy exhausto, pero algo me dice que volverá a ser una noche muy larga. Y de hecho lo es. Ya no sé cuánto llevo despierto dándole vueltas a las cosas. Una y otra vez la imagen de Temy aparece en mi cabeza.

No puedo dejar de pensar una y otra vez en su mirada, y de verdad estoy
preocupado por todo lo que está pasando con ella. Nunca me había sentido así,
soy bastante reservado y al parecer me encanta comerme la cabeza con estas
cosas. Ni siquiera soy capaz de apagar la luz por miedo a que su imagen vuelva
a hacerse presente. Es increíble que me esté pasando esto. Ella es una fan, y
yo un idol, debo tratarla con el respeto que se merece. Sé sus
sentimientos hacia mí, y eso me empuja a ser como ella. Porque se hace querer,
se hace querer tanto que me duele el pecho. Ni cuando estoy tan cansado de
bailar, este sentimiento se hace tan profundo y sincero. Me siento asustado, y
sé que debería hablarlo con alguno del grupo. Sobre todo para saber si ellos
tienen estos mismos sentimientos, que sería lo coherente, ya que nuestro
trabajo no nos permite establecer relaciones sentimentales ni demasiado largas,
ni demasiado sinceras. ¿Cuántas chicas al día me dirán Saranghae?
¿Cuántas? ¿Y por qué ninguna parece ser tan sincera como cuando Temy me
dice Oppa? Cierro los ojos por un momento y respiro hondo. Intento imaginarme
mi vida de antes. Como antes de ver a Temy todo seguía igual. No pude evitar
sentir curiosidad por ella desde la primera vez que la vi en la fila del concurso,
allí, esperando tan nerviosa e insegura. Pero yo sabía que llegaría a la final.
Y cuál fue mi sorpresa cuando, en vez de como las demás chicas, agarrarse de
manera confiada o acariciarme sin consentimiento, se centró en preocuparse por mí.
Eso hizo que algo despertara dentro de mí, esa sinceridad era diferente. No
recuerdo hasta que hora estuve con más pensamientos parecidos, sólo sé que de
los nervios me levanté a buscar mi ipod y ponerme una buena balada. No ayudó
demasiado, pero finalmente caí rendido entre mis pensamientos, aunque muy
entrada la noche.
Cuando entreabro un ojo la claridad me da de lleno. Miro el despertador de la mesa: ocho y media de la mañana. ¡Quiero dormir! La cama está tan blanda y caliente, las sábanas me abrazan deseando el contacto. En serio... Dormir es un placer. Pero eso se ha acabado, ya no estoy solo, y me gustaría sorprender a Temy. Anoche antes de dormir estuve dándole vueltas al día de hoy y definitivamente voy a hacer lo propuesto. Me levanto, dándome una buena ducha, la cual me despierta del todo, a pesar de que he dormido poco. Seco mi cabello lo mejor que puedo, luego hago la cama, me coloco unos vaqueros, una camiseta azul ajustada y unos tenis. Salgo de la habitación bien perfumado y listo para buscar un delicioso desayuno para Temy. Antes de bajar las escaleras miro la puerta de su habitación, trago saliva... ¿Debería... ir a verla? Bajo otro escalón, pero el corazón me dice que pare. Resoplo, voy a verla. Tuerzo el pestillo con cuidado y Temy está dada la vuelta, no puedo ver su rostro pero sé que duerme. Me acerco y le acaricio con la mano la cabeza. La dejaré dormir, aún es temprano. Sonrío. Bajo con rapidez y en menos de tres minutos estoy en el garaje. Me coloco mi máscara y saco mi coche del edificio. Iré a comprarle a Temy unos croissants recién hechos, además de magdalenas y puede que algo de fruta... Hablando de fruta, tengo que ir a por la sorpresa. Soy rápido en la panadería, algunas miradas se fijan en mí, pero no demasiado ya que soy rápido. Finalmente, me voy a una tienda de plantas cercana. Entro y el olor es agradable, un señor anciano sale a recibirme.
- Buenos días -le sonrío tras la máscara.
-Buenos días joven ¿qué desea?
- Bueno... Vengo a por algo... Muy especial -digo inseguro-. De hecho no sé si tendrá en su tienda… -me rasco la cabeza. El anciano ríe.
- Mi tienda es la mejor de la ciudad, ponme a prueba...
- ¿Tiene semillas?
- De todo tipo, desde cualquier flor, a verdura,...
- ¿Tiene fresas?
- ¿Fresas? -dice el señor extrañado-. La verdad es que has escogido la mejor época del año para plantarlas... Creo que sí, algo me queda...
- ¿De verdad? -digo muy feliz, la emoción me puede.
- ¡Aquí están! -dice alzando el paquete-. Son exóticas y muy caras también... -dice esto último mirándome no muy seguro.
- Me da igual lo que cuesten mi no... Mi compañera… No esto, mi... UNA AMIGA...Una amiga y yo las queremos plantar juntos -¿pero qué estoy diciendo? El anciano ríe mientras yo busco nervioso en mi cartera los wons. Madre mía se me acaba de ir la cabeza mucho.
- ¿Algo más?
- Así está bien, gracias -sonrío mientras cojo la bolsa.
- Tengo una oferta, puedes llevarte un ramo de diversas flores por solo 11 000 wons -dice el anciano. Se nota que me ha calado.
- ¿Qué flores? -digo acercándome.
- Estas de aquí abajo -dice señalándome unas macetas. Al final, llevo un arco iris de rosas a Temy.
Cuando entreabro un ojo la claridad me da de lleno. Miro el despertador de la mesa: ocho y media de la mañana. ¡Quiero dormir! La cama está tan blanda y caliente, las sábanas me abrazan deseando el contacto. En serio... Dormir es un placer. Pero eso se ha acabado, ya no estoy solo, y me gustaría sorprender a Temy. Anoche antes de dormir estuve dándole vueltas al día de hoy y definitivamente voy a hacer lo propuesto. Me levanto, dándome una buena ducha, la cual me despierta del todo, a pesar de que he dormido poco. Seco mi cabello lo mejor que puedo, luego hago la cama, me coloco unos vaqueros, una camiseta azul ajustada y unos tenis. Salgo de la habitación bien perfumado y listo para buscar un delicioso desayuno para Temy. Antes de bajar las escaleras miro la puerta de su habitación, trago saliva... ¿Debería... ir a verla? Bajo otro escalón, pero el corazón me dice que pare. Resoplo, voy a verla. Tuerzo el pestillo con cuidado y Temy está dada la vuelta, no puedo ver su rostro pero sé que duerme. Me acerco y le acaricio con la mano la cabeza. La dejaré dormir, aún es temprano. Sonrío. Bajo con rapidez y en menos de tres minutos estoy en el garaje. Me coloco mi máscara y saco mi coche del edificio. Iré a comprarle a Temy unos croissants recién hechos, además de magdalenas y puede que algo de fruta... Hablando de fruta, tengo que ir a por la sorpresa. Soy rápido en la panadería, algunas miradas se fijan en mí, pero no demasiado ya que soy rápido. Finalmente, me voy a una tienda de plantas cercana. Entro y el olor es agradable, un señor anciano sale a recibirme.
- Buenos días -le sonrío tras la máscara.
-Buenos días joven ¿qué desea?
- Bueno... Vengo a por algo... Muy especial -digo inseguro-. De hecho no sé si tendrá en su tienda… -me rasco la cabeza. El anciano ríe.
- Mi tienda es la mejor de la ciudad, ponme a prueba...
- ¿Tiene semillas?
- De todo tipo, desde cualquier flor, a verdura,...
- ¿Tiene fresas?
- ¿Fresas? -dice el señor extrañado-. La verdad es que has escogido la mejor época del año para plantarlas... Creo que sí, algo me queda...
- ¿De verdad? -digo muy feliz, la emoción me puede.
- ¡Aquí están! -dice alzando el paquete-. Son exóticas y muy caras también... -dice esto último mirándome no muy seguro.
- Me da igual lo que cuesten mi no... Mi compañera… No esto, mi... UNA AMIGA...Una amiga y yo las queremos plantar juntos -¿pero qué estoy diciendo? El anciano ríe mientras yo busco nervioso en mi cartera los wons. Madre mía se me acaba de ir la cabeza mucho.
- ¿Algo más?
- Así está bien, gracias -sonrío mientras cojo la bolsa.
- Tengo una oferta, puedes llevarte un ramo de diversas flores por solo 11 000 wons -dice el anciano. Se nota que me ha calado.
- ¿Qué flores? -digo acercándome.
- Estas de aquí abajo -dice señalándome unas macetas. Al final, llevo un arco iris de rosas a Temy.
Creo que le gustarán y no será demasiado cursi. De nuevo cojo el
coche con rapidez, llego al apartamento y al parecer Temy sigue dormida. Dejo las
cosas escondidas en la cocina, las flores y las semillas en la terraza. Le daré
la sorpresa cuando se despierte. Aprovecho y me desvisto,
dejándome caer de nuevo en la cama y sin querer me quedo dormido de
nuevo.
- Oppa... -oigo en sueños. Suena tan dulce-. Oppa... -vuelvo a oír-. Oppa... -de nuevo. Pero esta vez lo acompaña un movimiento extraño.
- Oppa... -oigo en sueños. Suena tan dulce-. Oppa... -vuelvo a oír-. Oppa... -de nuevo. Pero esta vez lo acompaña un movimiento extraño.
Las sábanas me cubren hasta la cintura, y tengo mi espalda y torso al
descubierto. Estoy bocabajo en la cama. Abro lentamente los ojos, un olor dulce
llega a mi nariz. Frente a mí veo a Temy-. ¿Oppa? -tiene las mejillas
sonrojadas y apenas puede aguantarme la mirada. Le hago media sonrisa y me
incorporo lentamente. Me apoyo con los codos en la cama. Temy apenas puede
mirarme.
- Buenos días -le sonrío-. Siento mi apariencia, he madrugado y me he quedado dormido...
- Lo sé -dice nerviosa-. He visto la ropa tirada...
- Lo siento -digo avergonzado.
- Me he levantado y me he tomado la amabilidad de...-y entonces alza una bandeja ante mi-. De hacerte un desayuno...-me incorporo ante mi sorpresa e intento sentarme en la cama mientras me tapo con las sábanas.
- Buenos días -le sonrío-. Siento mi apariencia, he madrugado y me he quedado dormido...
- Lo sé -dice nerviosa-. He visto la ropa tirada...
- Lo siento -digo avergonzado.
- Me he levantado y me he tomado la amabilidad de...-y entonces alza una bandeja ante mi-. De hacerte un desayuno...-me incorporo ante mi sorpresa e intento sentarme en la cama mientras me tapo con las sábanas.
Temy ante esto coloca la bandeja en la cama y me pasa la camisa azul, la
cual me coloco al momento-. Espero que te guste el zumo de naranja natural... He
visto en la nevera naranjas así que está fresco...
- ¿Esto son tortitas? -digo sorprendido. Temy ríe.
- Sí, ahí tienes mermelada y sirope de chocolate... -dice feliz-. Es mi forma de agradecerte todo lo que has hecho por mi... -me doy un tortazo en la cara, la verdad es que me siento fatal... Temy se me ha adelantado-. ¿Estás bien?
- Verás... -digo dejando de lado la bandeja-. Es un regalo precioso, pero... Me has robado la idea -hago media sonrisa-. Me levanté esta mañana y pretendía hacerte el desayuno cuando despertases... Pero me deje dormir... Anoche -me estiro-. Apenas dormí...
- Oh vaya... Puedo hacerte un té, si prefieres...
- No Temy, todo está genial... Me puede el dormir, es todo -digo mientras le acaricio el cachete-. Al menos aun puedo disfrutar de tu desayuno...
- ¡Y yo del tuyo! -la miro-. Estoy deseando comer, aún puedes bajar y prepararlo -me sonríe. No me lo pienso dos veces, y me bajo de la cama.
-Espera aquí -le sonrío. Ella asiente, pero antes de salir me giro a ella de nuevo-. ¿Prefieres desayunar abajo?
- Me... Me da igual...-dice nerviosa.
- Sí, desayunar en la cama estará bien... -le guiño el ojo. En una bandeja pongo un té de manzana, un zumo de frutas fresco, luego dos croissants con mantequilla y dos magdalenas. Luego cojo el ramo de flores.
- ¿Esto son tortitas? -digo sorprendido. Temy ríe.
- Sí, ahí tienes mermelada y sirope de chocolate... -dice feliz-. Es mi forma de agradecerte todo lo que has hecho por mi... -me doy un tortazo en la cara, la verdad es que me siento fatal... Temy se me ha adelantado-. ¿Estás bien?
- Verás... -digo dejando de lado la bandeja-. Es un regalo precioso, pero... Me has robado la idea -hago media sonrisa-. Me levanté esta mañana y pretendía hacerte el desayuno cuando despertases... Pero me deje dormir... Anoche -me estiro-. Apenas dormí...
- Oh vaya... Puedo hacerte un té, si prefieres...
- No Temy, todo está genial... Me puede el dormir, es todo -digo mientras le acaricio el cachete-. Al menos aun puedo disfrutar de tu desayuno...
- ¡Y yo del tuyo! -la miro-. Estoy deseando comer, aún puedes bajar y prepararlo -me sonríe. No me lo pienso dos veces, y me bajo de la cama.
-Espera aquí -le sonrío. Ella asiente, pero antes de salir me giro a ella de nuevo-. ¿Prefieres desayunar abajo?
- Me... Me da igual...-dice nerviosa.
- Sí, desayunar en la cama estará bien... -le guiño el ojo. En una bandeja pongo un té de manzana, un zumo de frutas fresco, luego dos croissants con mantequilla y dos magdalenas. Luego cojo el ramo de flores.
- Cierra los ojos- Le digo tras la puerta de mi habitación. Al entrar a
la habitación coloco la bandeja sobre mi cama. Me escondo las flores tras la
espalda. Temy abre los ojos y ve todo, no sabe que decir
- Siento que haya sido así.
- Kai, que buena pinta tiene...
- He ido a comprar los croissants, son recién hechos...Y las magdalenas tienen caritas de conejo...
- Que monada, es precioso -dice ella. Coge una magdalena y la mordisquea. Sonríe feliz, igual que yo. Entonces me acuerdo.
-Hay algo más...-le enseño las rosas. Temy deja caer la magdalena sobre la cama -. ¿Te gustan? -entonces lo advierto: parálisis, mejillas cambiando de color demasiado rápido, leve temblor en manos, sudor-. ¡Desmayo no! -digo sujetándola con una mano por un hombro.
- ¿S..Son...So...Son...para..a...a....mi? -dice con hilo de voz. Río sin evitarlo.
- Claro -Temy las coge con nerviosismo y las huele.
- Son de colores...-dice ella. Sonrío mientras la miro-. ¡Las pondré en mi habitación!
Ambos desayunamos muy felices. Cuanto más tiempo paso con Temy, más tierna me parece, y más me gusta su personalidad. Se ofrece voluntaria a limpiar tras el desayuno y yo la dejo hacer. A cambio decido ordenar mi habitación y algo del salón. Definitivamente hacemos un buen trabajo en equipo. Cuando terminamos, volvemos a chocar los cinco. Temy se dirige a la terraza que está en la parte inferior del piso. Entonces me acuerdo de la otra sorpresa.
- Temy -la paro por el hombro. Ella se gira a mirarme-. Compré una cosa esta mañana...-ambos pasamos a la terraza, la brisa fresca nos sienta bien. Ella se sienta en el banco de madera-. Son para ti -le digo alzando el paquete. Ella no sabe muy bien que son por la cara que pone.
- ¿Qué...son?
- Son semillas -sonrío.
- ¿Semillas de qué?
- De fresas -digo. En ese momento ella se queda sin habla, y sus mejillas están rosadas-. He pensado plantarlas aquí, tenemos mucho tiempo ahora para verlas crecer, y estoy seguro de que tú las cuidarás mejor que yo...
- Pero, para plantar fresas tenemos que saber... ¿Preguntaste en la tienda?
- La verdad es que no... De la emoción se me olvido preguntar...-digo rascándome la cabeza. La verdad es que soy un estúpido por olvidarme de un detalle tan importante. Temy enseguida me sonríe y me coge la mano, apretándomela.
- No pasa nada Kai -sonríe-. ¿Tienes una tablet, ordenador o algo así?
- Tablet -digo. Entro al salón y de un armario saco mi tablet casi nueva, apenas la uso. Temy entra en internet y veo como busca: "Como plantar fresas y sus cuidados". Enseguida nos ponemos a ello con los materiales. Tengo todo lo necesario en mi armario de la terraza. Ambos nos colocamos guantes. Es divertido remover la tierra y bromear mientras nos mojamos con un poco de agua de la regadera.
- ¿Aquí les dará el sol? -pregunta.
- Creo que tienen la iluminación perfecta, es importante el sol. El señor me dijo que es la mejor época del año para plantar fresas...
- Crecen entre tres y cuatro meses... Iremos justos de tiempo... -dice Temy mientras lee en la tablet. Parece triste. No me gusta que se ponga así por pensar que no verá las fresas crecer.
-Escucha, si antes de irte no han germinado, te comprare montañas industriales ¿De acuerdo? -ella ríe y asiente-. Así que vamos a ello.
-Pone que para un acelerado crecimiento deberíamos utilizar fertilizante... ¿Tenemos?
- Tengo que comprar uno de fresas -tampoco sabía eso. Temy ríe.
- De resto es solo cuidarlas y regarlas constantemente. Ha sido divertido -dice mientras se quita los guantes. Ambos andamos sudando de estar al sol, pero la brisa que nos llega hace que todo sea más agradable. Empezamos a recoger y cuando la terraza tiene un aspecto decente decidimos entrar a casa
- Kai, que buena pinta tiene...
- He ido a comprar los croissants, son recién hechos...Y las magdalenas tienen caritas de conejo...
- Que monada, es precioso -dice ella. Coge una magdalena y la mordisquea. Sonríe feliz, igual que yo. Entonces me acuerdo.
-Hay algo más...-le enseño las rosas. Temy deja caer la magdalena sobre la cama -. ¿Te gustan? -entonces lo advierto: parálisis, mejillas cambiando de color demasiado rápido, leve temblor en manos, sudor-. ¡Desmayo no! -digo sujetándola con una mano por un hombro.
- ¿S..Son...So...Son...para..a...a....mi? -dice con hilo de voz. Río sin evitarlo.
- Claro -Temy las coge con nerviosismo y las huele.
- Son de colores...-dice ella. Sonrío mientras la miro-. ¡Las pondré en mi habitación!
Ambos desayunamos muy felices. Cuanto más tiempo paso con Temy, más tierna me parece, y más me gusta su personalidad. Se ofrece voluntaria a limpiar tras el desayuno y yo la dejo hacer. A cambio decido ordenar mi habitación y algo del salón. Definitivamente hacemos un buen trabajo en equipo. Cuando terminamos, volvemos a chocar los cinco. Temy se dirige a la terraza que está en la parte inferior del piso. Entonces me acuerdo de la otra sorpresa.
- Temy -la paro por el hombro. Ella se gira a mirarme-. Compré una cosa esta mañana...-ambos pasamos a la terraza, la brisa fresca nos sienta bien. Ella se sienta en el banco de madera-. Son para ti -le digo alzando el paquete. Ella no sabe muy bien que son por la cara que pone.
- ¿Qué...son?
- Son semillas -sonrío.
- ¿Semillas de qué?
- De fresas -digo. En ese momento ella se queda sin habla, y sus mejillas están rosadas-. He pensado plantarlas aquí, tenemos mucho tiempo ahora para verlas crecer, y estoy seguro de que tú las cuidarás mejor que yo...
- Pero, para plantar fresas tenemos que saber... ¿Preguntaste en la tienda?
- La verdad es que no... De la emoción se me olvido preguntar...-digo rascándome la cabeza. La verdad es que soy un estúpido por olvidarme de un detalle tan importante. Temy enseguida me sonríe y me coge la mano, apretándomela.
- No pasa nada Kai -sonríe-. ¿Tienes una tablet, ordenador o algo así?
- Tablet -digo. Entro al salón y de un armario saco mi tablet casi nueva, apenas la uso. Temy entra en internet y veo como busca: "Como plantar fresas y sus cuidados". Enseguida nos ponemos a ello con los materiales. Tengo todo lo necesario en mi armario de la terraza. Ambos nos colocamos guantes. Es divertido remover la tierra y bromear mientras nos mojamos con un poco de agua de la regadera.
- ¿Aquí les dará el sol? -pregunta.
- Creo que tienen la iluminación perfecta, es importante el sol. El señor me dijo que es la mejor época del año para plantar fresas...
- Crecen entre tres y cuatro meses... Iremos justos de tiempo... -dice Temy mientras lee en la tablet. Parece triste. No me gusta que se ponga así por pensar que no verá las fresas crecer.
-Escucha, si antes de irte no han germinado, te comprare montañas industriales ¿De acuerdo? -ella ríe y asiente-. Así que vamos a ello.
-Pone que para un acelerado crecimiento deberíamos utilizar fertilizante... ¿Tenemos?
- Tengo que comprar uno de fresas -tampoco sabía eso. Temy ríe.
- De resto es solo cuidarlas y regarlas constantemente. Ha sido divertido -dice mientras se quita los guantes. Ambos andamos sudando de estar al sol, pero la brisa que nos llega hace que todo sea más agradable. Empezamos a recoger y cuando la terraza tiene un aspecto decente decidimos entrar a casa
- ¿No teníamos una clase de piano pendiente? -dice
ella sonriente. Me sorprendo al recordarlo.
- Es cierto, deberíamos ir -Temy me coge de la mano, pero antes de subir al piso de arriba la detengo por la muñeca. Me ha parecido ver algo en su mejilla. Ella me mira, y se pone nerviosa-. Tienes algo aquí -digo. Me acerco a su mejilla y veo como un rastro de tierra húmeda cubre una de sus mejillas. Con mi pulgar se lo retiro delicadamente.
- Es cierto, deberíamos ir -Temy me coge de la mano, pero antes de subir al piso de arriba la detengo por la muñeca. Me ha parecido ver algo en su mejilla. Ella me mira, y se pone nerviosa-. Tienes algo aquí -digo. Me acerco a su mejilla y veo como un rastro de tierra húmeda cubre una de sus mejillas. Con mi pulgar se lo retiro delicadamente.
Ella me mira, sus ojos parecen más grandes desde allí y brillan debido a
la emoción. Yo me relamo los labios sin poder evitarlo. Cuando estoy cerca de
Temy, me sale como si fuera un acto reflejo. No puedo parar de mirarla y ella a
mí tampoco. Me abraza de repente y yo a ella
- Subamos...-digo tragando todo. Temy me sonríe, y en cuestión de minutos
empezamos con la primera lección. No tengo ni idea de piano, y tampoco sé si
podré estar a la altura, pero me da igual si la puedo ver tocar.
Misa
Estoy enfadada conmigo misma, tanto, que si me tuviera delante me pegaría una paliza. Está claro que los nervios me han jugado una mala pasada, y he tenido que sacar la palabra "amistad" delante de Ukwonie. Es cierto que hay que ser realista, pero... ¿Quién no querría una oportunidad como esa con su bias? Por muy mínima que pudiese ser. Es cierto que es casi imposible, pero cuanto más tiempo paso con Ukwon, más cuenta me doy de como es, y siento que en realidad hay algo que le preocupa. Debo estarme basando en impresiones, pero de verdad que lo siento. A veces, cuando me mira siento su mirada confusa, y puede que hasta torpeza en sus palabras. Cuando estábamos en el jacuzzi y he dicho la peor frase que le puedes decir al chico que te gusta, él me ha mirado con algo de incredulidad, y ha sonado un tanto forzoso y falso lo siguiente que ha dicho. Me gustaría saber que piensa él de esto. Me gustaría poder meterme en su cabeza y adivinar sus verdaderas intenciones. He visto y conocido demasiado de él antes de esta experiencia. Sé que no es así. Dentro de Block B es reservado, es verdad que a veces se una a la locura de Zico y los demás, pero hay algo diferente en él. Esta faceta hace que sienta cosas diferentes, cosas que antes no podía sentir de manera tan verdadera. Él está mirando por la ventana y llevándome a casa. Ha sido un largo día donde hemos hecho multitud de cosas. Desde ordenar su ropa y ver discos hasta bañarnos juntos en un jacuzzi. ¿Es normal esto a tan corto tiempo de conocerlo? Creo que el mundo tiene un concepto equivocado de estos chicos. Amy tenía razón, no es igual, para nada es igual desde la perspectiva de espectador a estar con ellos cara a cara. Somos jóvenes, y creo que tanto él como yo hemos vivido experiencias amorosas desastrosas. Siento miedo de hacerlo mal, pero él a veces, sólo sonriendo me trasmite toda la fuerza que necesito. De repente se gira hacia mí y me coge la mano.
- ¿Te lo has pasado bien hoy?
- Claro -digo asintiéndole.
- Recuerda que no necesitas cordialidades conmigo, tienes que ser tu misma, si hay algo que no...Te haya gustado...
- Yo... -él se acomoda en su asiento- ...Siento lo del jacuzzi...-no puedo mirarle, estoy roja mirando mis rodillas. Ukwon parece confuso, se acerca a mí y me pasa el brazo por los hombros.
-¿Qué...Sientes?
- Lo que dije, tenía la necesidad de decírtelo... Yo, no quería decir todo... De esa manera...
-Entiendo... –dice. Le miro de reojo y veo como me sonríe-. Yo tampoco -dice al rato. Esta vez mira hacia delante, y yo aprovecho para mirarle del todo.
Misa
Estoy enfadada conmigo misma, tanto, que si me tuviera delante me pegaría una paliza. Está claro que los nervios me han jugado una mala pasada, y he tenido que sacar la palabra "amistad" delante de Ukwonie. Es cierto que hay que ser realista, pero... ¿Quién no querría una oportunidad como esa con su bias? Por muy mínima que pudiese ser. Es cierto que es casi imposible, pero cuanto más tiempo paso con Ukwon, más cuenta me doy de como es, y siento que en realidad hay algo que le preocupa. Debo estarme basando en impresiones, pero de verdad que lo siento. A veces, cuando me mira siento su mirada confusa, y puede que hasta torpeza en sus palabras. Cuando estábamos en el jacuzzi y he dicho la peor frase que le puedes decir al chico que te gusta, él me ha mirado con algo de incredulidad, y ha sonado un tanto forzoso y falso lo siguiente que ha dicho. Me gustaría saber que piensa él de esto. Me gustaría poder meterme en su cabeza y adivinar sus verdaderas intenciones. He visto y conocido demasiado de él antes de esta experiencia. Sé que no es así. Dentro de Block B es reservado, es verdad que a veces se una a la locura de Zico y los demás, pero hay algo diferente en él. Esta faceta hace que sienta cosas diferentes, cosas que antes no podía sentir de manera tan verdadera. Él está mirando por la ventana y llevándome a casa. Ha sido un largo día donde hemos hecho multitud de cosas. Desde ordenar su ropa y ver discos hasta bañarnos juntos en un jacuzzi. ¿Es normal esto a tan corto tiempo de conocerlo? Creo que el mundo tiene un concepto equivocado de estos chicos. Amy tenía razón, no es igual, para nada es igual desde la perspectiva de espectador a estar con ellos cara a cara. Somos jóvenes, y creo que tanto él como yo hemos vivido experiencias amorosas desastrosas. Siento miedo de hacerlo mal, pero él a veces, sólo sonriendo me trasmite toda la fuerza que necesito. De repente se gira hacia mí y me coge la mano.
- ¿Te lo has pasado bien hoy?
- Claro -digo asintiéndole.
- Recuerda que no necesitas cordialidades conmigo, tienes que ser tu misma, si hay algo que no...Te haya gustado...
- Yo... -él se acomoda en su asiento- ...Siento lo del jacuzzi...-no puedo mirarle, estoy roja mirando mis rodillas. Ukwon parece confuso, se acerca a mí y me pasa el brazo por los hombros.
-¿Qué...Sientes?
- Lo que dije, tenía la necesidad de decírtelo... Yo, no quería decir todo... De esa manera...
-Entiendo... –dice. Le miro de reojo y veo como me sonríe-. Yo tampoco -dice al rato. Esta vez mira hacia delante, y yo aprovecho para mirarle del todo.
- Hay cosas que dices debido a los nervios, pero en realidad sientes
otras...-me mira y sonríe-. Somos buenos amigos ahora, pero es inevitable saber
tus sentimientos -me pongo roja y desvío la mirada. Los nervios me matan en ese
momento-. Para algo competiste y ganaste.
- No me malinterpretes -le interrumpo de nuevo-. Sé las condiciones, claro que te admiro pero ya está -digo rápido. Ukwon me aprieta la mano y mira por la ventana.
- Estamos llegando -parece como si no me hubiera oído. El coche para en seco y entonces nos tenemos que mirar-. Mañana vendré a recogerte temprano... ¿Sobre las nueve estaría bien?
- ¿Ocho y media? -digo tímida. Él ríe.
- Ocho y media -afirma.
- No me malinterpretes -le interrumpo de nuevo-. Sé las condiciones, claro que te admiro pero ya está -digo rápido. Ukwon me aprieta la mano y mira por la ventana.
- Estamos llegando -parece como si no me hubiera oído. El coche para en seco y entonces nos tenemos que mirar-. Mañana vendré a recogerte temprano... ¿Sobre las nueve estaría bien?
- ¿Ocho y media? -digo tímida. Él ríe.
- Ocho y media -afirma.
Nos miramos y sonreímos. Abro la puerta, pero Ukwonie me retiene por el
brazo, le miro. Se acerca a mí y me coge por la barbilla. Acerca su boca hasta
mi mejilla y me ofrece un delicado beso. Noto como mi piel se eriza y como se
extiende desde ese punto hacia todos los rincones. Respiro profundamente y casi
sollozo. Es uno de los contactos más lindos que he tenido en bastante tiempo.
Tras separarse me mira profundamente-. Buenas noches Misa.
- Adiós -digo tragando saliva.
Veo
como el coche se aleja, y con él Ukwon. Me pongo en marcha para cruzar la calle
y llego al hotel. Dejo mis zapatos y bolso en la entrada de la habitación, y
como si no pudiera remediarlo, me tiro sobre la cama bocarriba y grito, grito
de euforia hasta que no puedo más. Mi mejilla está caliente, y aún no puedo
dejar de tocármela. En serio, no me limpiaré la mejilla en años. Me quito
el abrigo y me miro al espejo, parezco cansada pero no lo estoy. Entonces
tras de mí y mediante el reflejo en el espejo me doy cuenta de la gran cama y
la otra pequeña... ¡LAS CHICAS! Corro a mi bolso. Maldita sea, cuando buscas
algo desesperadamente siempre tarda en aparecer, así que dejo caer todas mis
cosas sobre la cama poniendo el bolso bocabajo. El móvil cae de las
últimas cosas, como no. La luz del teléfono parpadea insistentemente, tengo
llamas y mensajes, pero me voy directamente a los mensajes. Leo los mensajes de
Temy los cuales me hacen mucha gracia y luego... ¡AMY! ¡ESTA IDIOTA!
Sin pensármelo marco su número y voy hacia la ventana. Comunica,
me da igual seguiré insistiendo. Es idiota, como no, le hará su sueño realidad,
que será dormir con él, capaz que le hace daño o algo así. Maldita Amy ingenua,
juro por dios que como le haga algo lo mato. Y sigue sin contestar. ¡Genial!
Espero que por su bien mañana aparezca por aquí temprano. Y ahora Temy con lo
tarde que es y no está, pero de Kai me fio más que de G Dragon, así que seguro
está con él y estará bien. Antes de desvestirme intento llamar a Amy
dos veces más. Apagado o fuera de cobertura. Pues muy bien. No me pienso
hacer responsable de nada. Me tomo una ducha caliente e intento relajarme. La
bañera del baño del hotel es mucho más cutre que la de la casa de Ukwon, a
parte es mucho más pequeña. Para entrar tengo que abrazar mis rodillas. Me enjabono el cuello y tras
un rato dejo mi cabeza bajo la ducha. Cuando tengo el pijama y miro la cama, un
extraño sentimiento se abre paso en mí. Cierro los ojos y veo a Ukwon, veo su
sonrisa, y como me abrazaba en el jacuzzi, como reíamos, y luego ese beso tan
delicado en el coche. Siento un ardor en mi interior, y de verdad que sólo
deseo verlo ahora. Me acuesto con delicadeza y respiro hondo. Miro el móvil
antes de irme a dormir. - Adiós -digo tragando saliva.
Sin duda, Ukwon sabe cómo
alterar la sangre, tener este mensaje en el móvil de apenas hace unos minutos
ha vuelto a ponerme como una moto. De nada sirve la relajación en la ducha.
Pongo la televisión, intentando disipar mis pensamientos. De igual manera apago
todas las luces y pongo la alarma en el móvil, ya que mañana me tengo que
levantar más temprano por una cosa que se me ha ocurrido. Me siento sola en la
habitación, no tener ni a Temy ni Amy hacen que todo vaya increcendo. Sólo
tengo que intentar relajarme, eso es todo. Me pongo de lado en la cama, e
intento pensar en otra cosa que no sea el mensaje de Ukwonie. Es misión
imposible, me muerdo los labios, e intento relajarme imaginándome que él está
lejos de aquí, durmiendo en su cama mientras sueña conmigo.
El despertador empieza a
molestar como de costumbre, de mala gana alargo mi brazo y lo apago. Me levanto
y me estiro todo lo que puedo. Miro a mi lado, ni Amy ni Temy han venido a
dormir hoy. Sólo espero que estén bien. Antes de irme al baño les
escribo por el grupo. Cuando me he dado una ducha me visto. Para el día de
hoy me coloco unos vaqueros ajustados, unos tenis y una camisa de manga larga
pero que deja al descubierto mis hombros. Encima llevaré el abrigo y un pañuelo
en mi cuello. Sin duda, el otoño llega rápido a Corea, en pocos días que hemos
estado aquí, se nota la bajada de temperatura. Cuando me pongo mi perfume y mis
gafas de vista salgo con decisión a la tienda de gominolas dónde las chicas y
yo compramos miles de cosas el primer día. En mi bolso llevo un par de galletas
y un zumo. Cuando estoy en la tienda cojo una de las bolsas más grandes y
hago un gran surtido de golosinas. Desde regalices hasta caramelos. El
azúcar rebosa por todas partes, espero que sea suficiente para llenar el bote
de Ukwonie.
-10 500 wons -me dice la mujer.
Cuando alzo la vista le
entrego el dinero, y entonces puedo ver tras ella una gran repisa llena de
piruletas de colores, se me saltan los ojos. Maldita sea quiero comer todas las
golosinas de esa tienda
- ¿Joven? -dice la mujer con
la bolsa en la mano-. He dicho gracias por su visita.
- Sí, esto… Disculpe -digo cogiendo la bolsa-. ¿Cuánto cuestan las piruletas?
- ¿Oh? -Se gira la mujer a mirarme. Le señalo.
- Las piruletas.
- 2 000 wons cada una -miro mi cartera en busca de lo que necesito, me empieza a quedar poco dinero, pero lo gasto para comprarme una piruleta, y tras pensarlo, compro otra para Ukwon. Van a ser las 8 y media y tengo que estar delante del hotel si no quiero llegar tarde. Me meto prisa, corriendo por toda la calle hasta finalmente llegar al hotel. Me siento en un banco cercano a la acera donde siempre me deja Ukwon. Miro el reloj: 8:26. Pues sí, he llegado pronto, y aprovecharé para tomarme unas deliciosas galletas. Abro el paquete y comerme una de aquellas galletas de chocolate me resulta lo más delicioso del mundo. Acabo con las que me quedan y abro el zumo. Me pongo a absorber de la pajita. Varias personas que están cerca me miran. Me doy cuenta de que me he sentado en una parada de autobús. Miro a una anciana que se sienta en un extremo, ella me mira con desprecio. Un estudiante está de pie a mi lado leyendo un manga, una madre y su hija esperan a mi lado, la niña me mira risueña. Cada vez que sorbo y hago ruido con la pajita todos me miran... Vaya. Entonces veo el coche que se para lentamente delante de mí.
- Buenos días -dice Ukwon asomándose por la ventanilla. Nadie parece reconocerle, a pesar de que le miran. Me levanto y hago una inclinación para responderle, todo esto sujetando el zumo con la pajita con la boca. Ukwon ríe
- Sí, esto… Disculpe -digo cogiendo la bolsa-. ¿Cuánto cuestan las piruletas?
- ¿Oh? -Se gira la mujer a mirarme. Le señalo.
- Las piruletas.
- 2 000 wons cada una -miro mi cartera en busca de lo que necesito, me empieza a quedar poco dinero, pero lo gasto para comprarme una piruleta, y tras pensarlo, compro otra para Ukwon. Van a ser las 8 y media y tengo que estar delante del hotel si no quiero llegar tarde. Me meto prisa, corriendo por toda la calle hasta finalmente llegar al hotel. Me siento en un banco cercano a la acera donde siempre me deja Ukwon. Miro el reloj: 8:26. Pues sí, he llegado pronto, y aprovecharé para tomarme unas deliciosas galletas. Abro el paquete y comerme una de aquellas galletas de chocolate me resulta lo más delicioso del mundo. Acabo con las que me quedan y abro el zumo. Me pongo a absorber de la pajita. Varias personas que están cerca me miran. Me doy cuenta de que me he sentado en una parada de autobús. Miro a una anciana que se sienta en un extremo, ella me mira con desprecio. Un estudiante está de pie a mi lado leyendo un manga, una madre y su hija esperan a mi lado, la niña me mira risueña. Cada vez que sorbo y hago ruido con la pajita todos me miran... Vaya. Entonces veo el coche que se para lentamente delante de mí.
- Buenos días -dice Ukwon asomándose por la ventanilla. Nadie parece reconocerle, a pesar de que le miran. Me levanto y hago una inclinación para responderle, todo esto sujetando el zumo con la pajita con la boca. Ukwon ríe
- Entra -me abre la puerta.
Antes de subir me giro a las personas de la parada y me inclino. La niña es la
única que me responde, seguido de una sonrisa de su madre-. ¿Has hecho amigos?
-dice Ukwon una vez dentro del coche.
- Algo así -me río-. Por cierto, buenos días a ti también -él sonríe.
- Estas guapa hoy –me sonrojo. Maldita sea, sólo quiere verme sufrir.
-Gra...Gracias por el mensaje de ayer, me gustó mucho -digo. Él me mira y sonríe-. Por cierto, hoy te he comprado algo -digo mostrándole la bolsa.
- ¿Qué es? -dice él haciendo ademán de abrir la bolsa. La retiro antes de que llegue.
- Es un secreto -le digo juguetona. Él me responde con la misma mirada-. Lo verás al llegar al apartamento.
- Eso espero -ríe. Una vez hemos llegado dejamos los abrigos en la entrada. La casa parece estar más caliente-. He puesto calefacción espero que no esté demasiado caliente.
- Está bien -le sonrío. Entro a la cocina. Ukwon me sigue y cuando abro el bote en forma de oso donde están las gominolas el abre los ojos.
- ¡Chuches! ¡Ya tenía ganas, gracias! -dice mientras me ve echar todos los caramelos en el bote-. ¿Las has comprado con tu dinero? Deberías haberme avisado.
- No es nada... -cierro el bote. Pero Ukwon lo coge y se lleva a la boca varias gominolas a la vez, seguido de una mordida a un regaliz que me resulta sexualmente muy atrevida. Debo sentirme muy apasionada para que me encante verle morder una gominola. De repente, veo como el tiende la misma regalía hacia mí.
- Muerde -dice. Yo me quedo plantada, y niego lentamente con la cabeza- Muerde Misa…
- De verdad que no… -digo mientras voy retrocediendo hacia atrás. Hasta que me topo con la pared. Ukwon apoya su mano libre en la pared y con la otra tiende el regaliz hacia mí. Sonríe muy pícaramente.
- ¿No quieres morder?
- Creo que sería indebido... -digo sonrojada. Él hace media sonrisa, se acerca más y a pocos centímetros veo perfectamente como muerde el regaliz y arranca un trozo que luego traga. Observo su garganta y como se mueve. Luego miro sus ojos. Él sigue sonriendo.
- ¿Has visto? Es fácil...-dice casi en susurros. Mi respiración es agitada, y él lo nota, estoy segura-. Muerde -dice tendiéndome el regaliz. Cuanto antes lo haga, más rápido será. Me acerco al regaliz y le pego un mordisco rápido, pero está dura y tengo que tirar de ella, seguido de la mano de Ukwon. Sus dedos llegan a mis labios. Él mira mi boca y luego mis ojos. Está realmente serio, y mi pecho parece que alberga un motor de locomotora. Con su pulgar acaricia mi labio inferior.
- Algo así -me río-. Por cierto, buenos días a ti también -él sonríe.
- Estas guapa hoy –me sonrojo. Maldita sea, sólo quiere verme sufrir.
-Gra...Gracias por el mensaje de ayer, me gustó mucho -digo. Él me mira y sonríe-. Por cierto, hoy te he comprado algo -digo mostrándole la bolsa.
- ¿Qué es? -dice él haciendo ademán de abrir la bolsa. La retiro antes de que llegue.
- Es un secreto -le digo juguetona. Él me responde con la misma mirada-. Lo verás al llegar al apartamento.
- Eso espero -ríe. Una vez hemos llegado dejamos los abrigos en la entrada. La casa parece estar más caliente-. He puesto calefacción espero que no esté demasiado caliente.
- Está bien -le sonrío. Entro a la cocina. Ukwon me sigue y cuando abro el bote en forma de oso donde están las gominolas el abre los ojos.
- ¡Chuches! ¡Ya tenía ganas, gracias! -dice mientras me ve echar todos los caramelos en el bote-. ¿Las has comprado con tu dinero? Deberías haberme avisado.
- No es nada... -cierro el bote. Pero Ukwon lo coge y se lleva a la boca varias gominolas a la vez, seguido de una mordida a un regaliz que me resulta sexualmente muy atrevida. Debo sentirme muy apasionada para que me encante verle morder una gominola. De repente, veo como el tiende la misma regalía hacia mí.
- Muerde -dice. Yo me quedo plantada, y niego lentamente con la cabeza- Muerde Misa…
- De verdad que no… -digo mientras voy retrocediendo hacia atrás. Hasta que me topo con la pared. Ukwon apoya su mano libre en la pared y con la otra tiende el regaliz hacia mí. Sonríe muy pícaramente.
- ¿No quieres morder?
- Creo que sería indebido... -digo sonrojada. Él hace media sonrisa, se acerca más y a pocos centímetros veo perfectamente como muerde el regaliz y arranca un trozo que luego traga. Observo su garganta y como se mueve. Luego miro sus ojos. Él sigue sonriendo.
- ¿Has visto? Es fácil...-dice casi en susurros. Mi respiración es agitada, y él lo nota, estoy segura-. Muerde -dice tendiéndome el regaliz. Cuanto antes lo haga, más rápido será. Me acerco al regaliz y le pego un mordisco rápido, pero está dura y tengo que tirar de ella, seguido de la mano de Ukwon. Sus dedos llegan a mis labios. Él mira mi boca y luego mis ojos. Está realmente serio, y mi pecho parece que alberga un motor de locomotora. Con su pulgar acaricia mi labio inferior.
- Está bien -dice mientras
sonríe. Se aparta y sigue comiendo. Veo cómo va para el salón-. Hoy tengo
varias cosas que hacer Misa, si quieres puedes ayudarme o no...-me seco el
sudor de la frente, y le sigo con lentitud, me siento separada de él en el
sillón-. Esta tarde tengo una sesión fotográfica para una revista de música muy
importante en Corea, tendrás que quedarte en casa -dice esto último
triste.
- ¿Qué necesitas? -digo dispuesta. Tengo calor y aun me estoy recuperando. Y no, el calor no es de la calefacción. Ukwon se pasa una mano por la barbilla y parece pensativo.
- Necesito afeitarme, noto como empiezan a salir estos pequeños pelos en la barbilla -le miro confusa-. ¿Has afeitado a alguien antes?
- ¿Yo? -le miro con apuro. El asiente-. No la verdad, pero sé cómo se hace, trabajé en una peluquería un tiempo, he visto como lo hacen.
- Si te soy sincero, cada vez que me afeito me hago daño -se levanta y se agacha delante de mí-. Por eso me afeitan en la compañía, ¿podrías?
- ¿Sólo afeitarte? ¿Sabes que te puedo hacer daño? -digo tragando saliva.
- Lo harás bien, sólo sujétame mientras lo haces -me guiña el ojo. Desvío la mirada nerviosa-. Lo haremos en el baño de arriba -le miro sobresaltada y avergonzada-. Afeitarme claro...-ríe. Hago media sonrisa tímida. Le sigo al piso de arriba. Ukwon saca del armario del baño la espuma y otros botes, además de un afeitadora último modelo. Él se sienta en una banqueta que tiene en una esquina del baño. Me mira sonriente y totalmente confiado. Dios mío, ayúdame.
Ukwon
Siento como Misa quiere salir de allí, pero esa sensación me hace sentirme extrañamente bien, porque sé que si algo va mal podré calmarla.
- ¿Empezamos? -me intenta sonreír. Yo le asiento y cierro los ojos. Noto el contacto de la espuma sobre mi cara y como las finas manos de Misa me la colocan nerviosas y de manera circular. Sonrío para mí mismo. Ella toca muy despacio alrededor de mi boca, la ayudo poniendo caras raras, y oigo su risa. Sonrío sin evitarlo-. Voy a... Coger la afeitadora...-asiento lentamente-. Oh, vaya... -dice ella lamentándose. Abro los ojos y veo como Misa mira mi camisa. Entonces veo como un montículo de espuma ha caído sobre ella.
- Será mejor que retire mi camisa para esto -le digo. Y así hago, con cuidado me quito la camisa, he quitado espuma de algunos lugares de mi cara. Miro a Misa sonriente, y puedo ver como la parálisis la invade, al igual que el rubor de sus mejillas-. ¿Misa?
- Vo...Voy -dice cogiendo el bote de nuevo. Me aplica espuma donde antes no la había. De nuevo ese contacto tan agradable. Mi piel se eriza, y lo expongo ante ella-. ¿E…Estas bien? ¿Tienes frío?
- ¿Por qué?
- Tienes erizada la piel...-dice nerviosa. Le sonrío. Cojo su mano libre de espuma y la acaricio levemente.
- Todo está bien -ella asiente y sigue la tarea. Se limpia las manos en una toalla y coge la afeitadora. Se acerca a mí, y oigo el sonido de la máquina, pero cuando se acerca se aleja.
- No...No puedo hacerlo...-dice Misa. La miro- Es mucha responsabilidad, yo... No quiero lastimar tu cara... Lo siento... -sus ojos brillan. Me levanto y la cojo por las muñecas, ella me mira con asombro y con seriedad.
- Puedes hacerlo Misa -digo-. Confío en ti. Hazlo despacio, ven... -cojo otra banqueta que hay debajo del lavamanos, y la pongo frente a mí. Misa se sienta con torpeza, no puede mirarme a los ojos, posiblemente debido al nerviosismo y sus sentimientos. Tengo la afeitadora en la mano-. Cógela -ella acerca su mano despacio cuando la tiene. La enciendo y dirijo con mi mano la suya hacia mi cara. Comienzo lentamente por un lateral de arriba a abajo-. Así ¿lo ves? -
Misa asiente, concentrándose en la máquina, cuando veo su cara confiada suelto mi mano y la miro.
- ¿Qué necesitas? -digo dispuesta. Tengo calor y aun me estoy recuperando. Y no, el calor no es de la calefacción. Ukwon se pasa una mano por la barbilla y parece pensativo.
- Necesito afeitarme, noto como empiezan a salir estos pequeños pelos en la barbilla -le miro confusa-. ¿Has afeitado a alguien antes?
- ¿Yo? -le miro con apuro. El asiente-. No la verdad, pero sé cómo se hace, trabajé en una peluquería un tiempo, he visto como lo hacen.
- Si te soy sincero, cada vez que me afeito me hago daño -se levanta y se agacha delante de mí-. Por eso me afeitan en la compañía, ¿podrías?
- ¿Sólo afeitarte? ¿Sabes que te puedo hacer daño? -digo tragando saliva.
- Lo harás bien, sólo sujétame mientras lo haces -me guiña el ojo. Desvío la mirada nerviosa-. Lo haremos en el baño de arriba -le miro sobresaltada y avergonzada-. Afeitarme claro...-ríe. Hago media sonrisa tímida. Le sigo al piso de arriba. Ukwon saca del armario del baño la espuma y otros botes, además de un afeitadora último modelo. Él se sienta en una banqueta que tiene en una esquina del baño. Me mira sonriente y totalmente confiado. Dios mío, ayúdame.
Ukwon
Siento como Misa quiere salir de allí, pero esa sensación me hace sentirme extrañamente bien, porque sé que si algo va mal podré calmarla.
- ¿Empezamos? -me intenta sonreír. Yo le asiento y cierro los ojos. Noto el contacto de la espuma sobre mi cara y como las finas manos de Misa me la colocan nerviosas y de manera circular. Sonrío para mí mismo. Ella toca muy despacio alrededor de mi boca, la ayudo poniendo caras raras, y oigo su risa. Sonrío sin evitarlo-. Voy a... Coger la afeitadora...-asiento lentamente-. Oh, vaya... -dice ella lamentándose. Abro los ojos y veo como Misa mira mi camisa. Entonces veo como un montículo de espuma ha caído sobre ella.
- Será mejor que retire mi camisa para esto -le digo. Y así hago, con cuidado me quito la camisa, he quitado espuma de algunos lugares de mi cara. Miro a Misa sonriente, y puedo ver como la parálisis la invade, al igual que el rubor de sus mejillas-. ¿Misa?
- Vo...Voy -dice cogiendo el bote de nuevo. Me aplica espuma donde antes no la había. De nuevo ese contacto tan agradable. Mi piel se eriza, y lo expongo ante ella-. ¿E…Estas bien? ¿Tienes frío?
- ¿Por qué?
- Tienes erizada la piel...-dice nerviosa. Le sonrío. Cojo su mano libre de espuma y la acaricio levemente.
- Todo está bien -ella asiente y sigue la tarea. Se limpia las manos en una toalla y coge la afeitadora. Se acerca a mí, y oigo el sonido de la máquina, pero cuando se acerca se aleja.
- No...No puedo hacerlo...-dice Misa. La miro- Es mucha responsabilidad, yo... No quiero lastimar tu cara... Lo siento... -sus ojos brillan. Me levanto y la cojo por las muñecas, ella me mira con asombro y con seriedad.
- Puedes hacerlo Misa -digo-. Confío en ti. Hazlo despacio, ven... -cojo otra banqueta que hay debajo del lavamanos, y la pongo frente a mí. Misa se sienta con torpeza, no puede mirarme a los ojos, posiblemente debido al nerviosismo y sus sentimientos. Tengo la afeitadora en la mano-. Cógela -ella acerca su mano despacio cuando la tiene. La enciendo y dirijo con mi mano la suya hacia mi cara. Comienzo lentamente por un lateral de arriba a abajo-. Así ¿lo ves? -
Misa asiente, concentrándose en la máquina, cuando veo su cara confiada suelto mi mano y la miro.
Ella me mira de vez en
cuando, fugazmente, pero yo no puedo parar de mirarla. Es tan bonito ver como
alguien te trata así, tan suavemente. Ella proporciona caricias que nunca había
sentido antes, ninguna chica me había dado tanto en tan poco. No estoy
acostumbrado a sentir estas cosas, y menos por chicas como Misa, a las cuales
les debo ser quien soy. Ella mira mis ojos entonces, y veo ese brillo especial
en sus ojos que me cautivó desde el primer día. Ella ahora acerca la afeitadora
a mi barbilla, alzo la cabeza un poco. Puedo sentir como la espuma más líquida
está cayendo por mi cuello hacia el torso. Misa no la ha batido lo suficiente.
Entonces para, y coge la tolla. Acerca el tejido hacia mi cuello, y empieza a
retirarlo, suavemente y como si de verdad quisiera alargar aquello. Me mira y
yo le miro. Siento algo en mi pecho, algo que quiere lanzarse pero a la vez
está pidiendo que me controle. Sin ninguna razón, Misa arrastra la toalla hasta
mi pectoral izquierdo y se queda allí. Nos seguimos mirando. Nos hemos empezado
a acercar, y yo verdaderamente estoy deseando que algo pase. Pero entonces me
doy cuenta, no, con Misa no, ella me quiere, es obvio, pero no la voy a
utilizar por el hecho de haber estado mucho tiempo sólo. Con brusquedad la cojo
por la cintura y la atraigo hasta mí. La miro desde abajo, ya que ella está
ahora de pie. Su corazón late rápido como el mío.
- ¿Qué haces? -le digo seriamente. Ambos respiramos lentamente.
- No lo sé...-dice entre respiraciones. La voy soltando lentamente por las caderas. Respiro hondo.
- Misa...Tenemos que hablar de esto...
- No sé de qué hablas... -dice ella dándome la espalda. Me pongo de pie, con la toalla cercana me quito la espuma de la cara.
- Tenemos que hablar de tus sentimientos –digo sin tapujos. Ella ha parado lo que hacía y verdaderamente siento que la he fastidiado. Ella se gira lentamente, y aunque le está costando mucho puedo ver su mirada brillante.
- ¿Mis sentimientos? -dice con algo de dolor en esas palabras. Soy un estúpido. Respiro hondo-. ¿Mis sentimientos? -repite. La miro y abro la boca, pero no sé qué decir. No puedo, no puedo decir lo que ella espera. Misa con rabia y dolor se dirige a la puerta del baño y cuando tiene el pomo en la puerta la atraigo hasta mí.
- No... Puedo -digo cortadamente. Ella me mira impresionada-. No es lo que piensas.
- ¿Y qué es? ¿Cómo se te erizaba la piel? ¿Cómo bombeaba tu pecho? ¿O como algo en tu pantalón se hacía notar? -dice con rabia. Siento vergüenza hacia esto último. Pero es lógico que ella me ama mucho. Y yo, no sé que estoy haciendo con ella-. No juegues conmigo por favor, soy tu amiga/empleada ¿no es así?
- Misa... -digo interrumpiéndola-. Hay algo... -apunto a mi pecho- Aquí, y es fuerte ¿sabes? -noto como se relaja, y sus lágrimas caen por sus mejillas-Es...Es muy doloroso porque... No puede ser y... No... Soy un idol, y tú eres mi invitada... -Misa seca sus lágrimas con las muñecas-. Es una atracción repentina, porque ambos llevamos solos mucho tiempo...
-Sabes que en mí, no es del todo así... -dice con voz fañosa. Me mira.
- Misa... -paso de coger su mano a la muñeca. Le sonrío, y ella desvía la mirada-. Hagamos esto juntos ¿vale? -ella me mira por un rato largo.
- ¿Qué haces? -le digo seriamente. Ambos respiramos lentamente.
- No lo sé...-dice entre respiraciones. La voy soltando lentamente por las caderas. Respiro hondo.
- Misa...Tenemos que hablar de esto...
- No sé de qué hablas... -dice ella dándome la espalda. Me pongo de pie, con la toalla cercana me quito la espuma de la cara.
- Tenemos que hablar de tus sentimientos –digo sin tapujos. Ella ha parado lo que hacía y verdaderamente siento que la he fastidiado. Ella se gira lentamente, y aunque le está costando mucho puedo ver su mirada brillante.
- ¿Mis sentimientos? -dice con algo de dolor en esas palabras. Soy un estúpido. Respiro hondo-. ¿Mis sentimientos? -repite. La miro y abro la boca, pero no sé qué decir. No puedo, no puedo decir lo que ella espera. Misa con rabia y dolor se dirige a la puerta del baño y cuando tiene el pomo en la puerta la atraigo hasta mí.
- No... Puedo -digo cortadamente. Ella me mira impresionada-. No es lo que piensas.
- ¿Y qué es? ¿Cómo se te erizaba la piel? ¿Cómo bombeaba tu pecho? ¿O como algo en tu pantalón se hacía notar? -dice con rabia. Siento vergüenza hacia esto último. Pero es lógico que ella me ama mucho. Y yo, no sé que estoy haciendo con ella-. No juegues conmigo por favor, soy tu amiga/empleada ¿no es así?
- Misa... -digo interrumpiéndola-. Hay algo... -apunto a mi pecho- Aquí, y es fuerte ¿sabes? -noto como se relaja, y sus lágrimas caen por sus mejillas-Es...Es muy doloroso porque... No puede ser y... No... Soy un idol, y tú eres mi invitada... -Misa seca sus lágrimas con las muñecas-. Es una atracción repentina, porque ambos llevamos solos mucho tiempo...
-Sabes que en mí, no es del todo así... -dice con voz fañosa. Me mira.
- Misa... -paso de coger su mano a la muñeca. Le sonrío, y ella desvía la mirada-. Hagamos esto juntos ¿vale? -ella me mira por un rato largo.
Nos miramos intensamente,
doy un paso hacia delante, verdaderamente quiero abrazarla y decirle que
conseguiremos superar esto. Pero en un alarde de furia, Misa se deshace de mi
mano.
- Necesito estar sola... -dice antes de echarse a llorar. Corre por el pasillo, y veo como cierra la puerta de su habitación.
Me he dado una ducha, y me he puesto a ver la televisión. No sé cuántas horas habrán pasado, pero cuando miro el reloj ya es mediodía. Decido dejar de mirar la televisión y ponerme a hacer el almuerzo. Antes de empezar en la cocina voy por décima vez a tocarle a Misa en su habitación.
- Necesito estar sola... -dice antes de echarse a llorar. Corre por el pasillo, y veo como cierra la puerta de su habitación.
Me he dado una ducha, y me he puesto a ver la televisión. No sé cuántas horas habrán pasado, pero cuando miro el reloj ya es mediodía. Decido dejar de mirar la televisión y ponerme a hacer el almuerzo. Antes de empezar en la cocina voy por décima vez a tocarle a Misa en su habitación.
- Misa... Voy a hacer el
almuerzo...-no obtengo respuesta, como de costumbre-. ¿Quieres algo en
especial? -de nuevo el silencio-. No me importa nada de lo que ha pasado. Sabía
de tus sentimientos desde la primera vez que te vi. Es algo obvio, el error ha
sido mío. Lo siento -pero ella no contesta.
Bajo desilusionado las
escaleras. De verdad que la he fastidiado. Debería haberla besado y ya está.
No, las cosas no son así, ni siquiera estoy seguro de los sentimientos que
tengo hacia Misa. Si es algo de verdad, no quiero utilizarlo para desfogarme,
quiero sentirlo estando enamorado de verdad. Pero es obvio que esto es un
capricho debido a la soledad. Y lo de ella... Lo de ella es cruel. De mis ojos
salen lágrimas, la maldita cebolla que estoy cortando... Pongo todas las
verduras en el wok y comienzo a asar. Le haré a Misa un gran estofado con
verduras. También estoy cortando fruta por otro lado para hacerle un zumo de
manzana y naranja, y por otro lado le pondré de postre un plátano con helado.
Quiero esmerarme en todo.

Esperé sobre la mesa y
viendo la televisión tanto tiempo, que tuve que tapar todos los platos de
comida. Varias veces estuve a punto de quedarme dormido pero
resistí hablando con los chicos por teléfono. Miro la hora otra
vez, van a ser las seis. Ya no sé qué hacer. Voy a la cocina y me sirvo un vaso
de zumo de manzana y naranja, que de estar en la nevera se ha vuelto frío. Me
apoyo en la barra americana sin saber qué hacer. Me rasco la cabeza.
Verdaderamente la he fastidiado con Misa, yo sólo quería estar bien, pero
tampoco quería que pasara esto. Necesito pensar con claridad, y ni siquiera
puedo hablar de este tema con absoluta claridad con nadie, ya que si le cuento
a alguno del grupo me estarían vacilando enseguida, o lo que es peor... Acosarían
a Misa, y eso es algo que no me permitiré el lujo de averiguar. Sólo de imaginarme
como Zico acosa a Misa a preguntas o como le cuenta la vez que nos besamos
accidentalmente en aquel juego del papel... Me da algo. De repente oigo algo en
las escaleras. Miro hacia allí y veo a Misa. Se rasca el brazo. Me incorporo de
inmediato e incluso me sacudo la camisa. Nos acercamos, pero manteniendo
distancias.
-Yo... He estado pensando...-dice con lentitud-. Tengo hambre y... Lo...
- Déjalo -le sonrío a Misa. La cojo de la mano-. Todo está bien para mí... Comamos y hablemos de esto con detenimiento ¿vale? -ella imita una sonrisa y yo le sigo. Nos sentamos a comer, y curiosamente llevamos la conversación hacia otra parte, concretamente hacia mi vida en el grupo y las anécdotas divertidas de ella con sus amigas. Es cuando estamos en el postre que Misa saca el tema, y para mi gusto, ya no hay tensión en el ambiente.
- Pensé en lo que pasó esta mañana... Tienes razón -me sorprendo y la miro-. No puedo negar mis sentimientos, pero me gustaría decirte esto a la cara. Es decir, prefiero que se sepa... Pero de igual manera, quiero saber que sientes tú... -dice con seriedad-. No podremos arreglar esto hasta que sepamos que nos ocurre....
Verdaderamente me pongo nervioso, agarro mis manos para evitar este leve temblor que experimento, y que no sé de dónde demonios sale.
- Es algo complicado, pero intentaré responderte de la mejor manera... -ella se sienta de mejor manera y me mira-. Lo que siento hacia ti... -lo pienso un momento mirando hacia el techo-. Principalmente es respeto -esto la coge por sorpresa-. Es un respeto tan grande que... Me...Me tira para atrás Misa... -ella respira profundamente igual que yo-. Sabes como es mi vida, y sabes el tiempo que llevo sólo y trabajando. -mira por un instante sus rodillas-. Esto es difícil porque no tengo novia desde hace no sé ni cuanto... Si ahora, pasara algo contigo, no sé si sería verdadero, porque es...
-Lo entiendo -me interrumpe. Extrañamente veo como Misa forma una sonrisa.
- ¿Por qué ríes? -ella se tapa la boca y respira para contestarme.
- Pensaba que no... No te gustaba, por eso lo que pasó. Pero ahora veo, que es porque en realidad... Me quieres en cierta manera, y me respetas –sonrío. Ha costado pero Misa ha sabido captar mis sentimientos a la perfección-. Deberíamos haber sabido esto antes.
- Podemos hacer una cosa... -digo acabando mi plátano. Ella me mira-. Basta de acercamientos imprudentes, basta de tonterías, seamos buenos amigos, pero desde el momento en que sintamos cosas indebidas...
- Captado -ríe ella. Chocamos nuestras copas, brindando por esta nueva norma que se establece entre los dos.
Es difícil llegar a Misa,
llegar de esta manera, pero cuando lo hace, parece la persona más comprensiva
del mundo. Tengo ganas de entender todo, de entender los sentimientos que se
acumulan en mí, y decidir si esto es algo que vale la pena continuar
- Al fin y al cabo sólo son
tres meses -dice. Entonces algo se apaga lentamente en mí... Es cierto, ella
estará solo tres meses-. ¿Ukwonie? -me llama. La miro y cambio radicalmente mi
cara a una sonrisa amplia, de las que le gustan.
- ¿Te gustan las cometas? -le pregunto de repente. Misa pone cara confusa, pero enseguida entiende, en cuanto subimos a lo más alto de la azotea del edificio y saco mi cometa. Ella se agarra a mí como si le fuese la vida, ya que Misa odia las alturas. Sin embargo, me coloco en la zona más céntrica posible, desde allí no advierte nada-. ¿Preparada? -le digo. El viento de ese día revuelve nuestros cabellos.
- ¡No sé si podré! -me grita. Ella aguanta el palo de la cometa, me coloco tras ella.
- ¡Sujétalo bien! ¡Así! -pongo mis manos sobre las de ella. A pesar de la situación, ninguno nos damos cuenta y seguimos mirando como poco a poco el viento levanta la cometa-. ¡Fuerte Misa!
- ¡Ah! ¡Saldrá volando!
- ¡Confía en mí! -ambos seguimos sujetando el palo, de repente, Misa se deja llevar por mis movimientos y la cometa se eleva. Ambos la miramos desde abajo.
- ¡Lo he hecho! ¡Lo he hecho! -grita Misa feliz. Reímos y seguimos conduciendo la cometa por el cielo, los sentimientos quedan atrás, y nos une un mismo camino, un camino que hace volar la cometa, y también nos hace volar a nosotros lejos de allí.
G Dragon
Su móvil está sonando en su pantalón. Estamos tan cerca. La tengo tan cerca. Ella hace ademán de meter su mano en el pantalón pero muevo mi cabeza amenazante.
- Ni se te ocurra...-le digo.
- Tengo que cogerlo debe ser urgente...-me dice con miedo. Miro sus ojos penetrantes. Puto móvil.
- ¿De verdad quieres coger el teléfono? -digo mientras sonrío. Amy me mira durante unos instantes, tiene una mirada bastante seria que me asusta. Sí, me asusta, porque esta faceta suya no la conozco.
- No irás más allá conmigo -dice tras un rato de silencio-. Porque me odias, y yo te odio a ti... -dice relajadamente. La voy dejando caer lentamente, pero aun manteniendo esa corta distancia que nos vuelve locos a los dos-. ¿Es así o no? -él móvil cesa de sonar.
- Sigue hablando...
- Me dijiste que no jugabas, pero es lo que siempre haces... No soy tu tipo... Si quieres morrearte con alguien que no te limpie los baños al día siguiente, tienes en tus contactos a Rachel. Ella será la indicada para ti.
Su móvil está sonando en su pantalón. Estamos tan cerca. La tengo tan cerca. Ella hace ademán de meter su mano en el pantalón pero muevo mi cabeza amenazante.
- Ni se te ocurra...-le digo.
- Tengo que cogerlo debe ser urgente...-me dice con miedo. Miro sus ojos penetrantes. Puto móvil.
- ¿De verdad quieres coger el teléfono? -digo mientras sonrío. Amy me mira durante unos instantes, tiene una mirada bastante seria que me asusta. Sí, me asusta, porque esta faceta suya no la conozco.
- No irás más allá conmigo -dice tras un rato de silencio-. Porque me odias, y yo te odio a ti... -dice relajadamente. La voy dejando caer lentamente, pero aun manteniendo esa corta distancia que nos vuelve locos a los dos-. ¿Es así o no? -él móvil cesa de sonar.
- Sigue hablando...
- Me dijiste que no jugabas, pero es lo que siempre haces... No soy tu tipo... Si quieres morrearte con alguien que no te limpie los baños al día siguiente, tienes en tus contactos a Rachel. Ella será la indicada para ti.
De verdad no me creo que sea tan lista y tan brutalmente estúpida a la vez. Hago media sonrisa, ella desvía la mirada.
- Supongo que tienes razón...Llamaré a Rachel mañana.
- Vale...-dice ella, entonces se da la media vuelta. Ah no, lo noto.
- Amy -la llamo. Ella permanece impasible- Amy.
- ¿Qué? -dice de espaldas. Está llorando.
- ¿Recuerdas cómo nos reíamos hace un rato? -lentamente ella se gira. Sus ojos están brillantes, veo como caen sus lágrimas-. Esa sonrisa, es la que quiero conservar, no esto.
-¿Y por qué juegas? -dice mientras se seca las lágrimas-. Me haces daño.
- ¿Por qué? -río pícaramente.
- Porque porque porque...-dice torpemente. Apoyo mis dos manos en la pared y la atrapo.
- Habla despacio.
- ¡Ya sabes por qué no te lo voy a decir! -dice intentando huir, pero descubre mis brazos a los lados. Río otra vez, y me acerco más a ella.
- Que sea la última vez que me propones a Rachel para acostarme con ella ¿entendido?
- ¿Es tu novia ahora? ¿Por eso la defiendes? -río a carcajadas.
- Buenas noches Amy -digo despegándome de ella. Entonces, sin que se lo espere, le doy un beso en la frente. A lo que ella se queda petrificada. Voy por el pasillo bajo su mirada, la puedo sentir-. Por cierto -me giro a mirarla-. Buena chica, no te has mordido el labio -ella tapa su boca inmediatamente. Sonrío antes de cerrar la puerta.
Es tan dulce, pero a la vez tan cálida, tan cálida que me da escalofríos. Cierro la puerta y respiro profundamente. Me revuelvo el pelo. ¿Qué haré con esta chica? Tengo tanto que hacer, y tan poco tiempo...Tengo tanto que dar y me es tan difícil. Me muerdo el labio, estoy tan raro, he sentido tantas ganas de morderla y besarla. Esto está convirtiéndose en algo severo, pero sé que por mucho que nos provoquemos, jamás podría estar con ella: es prepotente, contestona, desobediente... ¡Y podría seguir toda la noche haciendo una lista interminable! Ni hablar, la chica que se case conmigo tiene que obedecerme, respetarme, y sobre todo... Quererme. ¿Amy lo hará? ¿Por qué tengo estos pensamientos con ella? ¡Es ridículo! Pero entonces recuerdo su risa, y su sonrisa en el pasillo, ese fue el pie que necesité para abrazarla y ponerla contra la pared. Para mirarla de cerca y admirarla. Estoy poniéndome nervioso, el corazón me bombea fuertemente. Necesito a una chica ya, tengo una a dos pasos y no soy capaz de moverme. Me levanto a por un vaso de agua, cruzo su puerta, y el perfume femenino me entra por las entrañas. Sigo con paso pesado hacia la cocina. Cuando bebo agua, decido ir rápido hacia mi habitación, pero entonces ese olor otra vez. No sé porque pero voy a hacerlo. Toco la puerta-. ¿Amy? ¿Estás dormida? -siento los pasos viniendo. Ella abre con una coleta mal hecha. De pijama lleva una camisa de asillas, y unos pantalones cortos ajustados, seguido de unos calcetines. Me muerdo el labio al ver ese look tan fresco para la época del año. Ella se sonroja y cuando habla no me mira.
- ¿Qué quieres? -no lo sé, en realidad no lo sé. No sé porque he tocado en su puerta.
- ¿Ne…Necesitas un vaso de agua o algo así? -digo nervioso, me rasco la cabeza viendo su cara de incredulidad-. Acabo de ir a la cocina, por si quieres uno...
- Te lo agradecería... -dice antes de irse. Voy a la cocina y preparo uno, cuando vuelvo la puerta está abierta para mí. Se me hace raro entrar en aquella habitación, al menos esa vez.
Amy
Estoy manteniendo una compostura que no es normal. Me acuesto bocabajo en la cama, abrazando una almohada mientras miro la televisión. Él entra por la puerta, lo veo de reojo pero no digo nada. Deja el vaso de agua sobre la mesilla de noche.
- De nada -dice. Le miro con indiferencia.
- Gracias. -el corazón me va a salir por la boca, entre lo de antes y esto... Él va hacia la puerta pero se detiene antes de salir.
- ¿Puedo hablar contigo? -silencio la televisión y me siento en la cama. Pongo una cara de resignación, o al menos lo intento. Él se acerca, y le indico que se siente frente a mi- Quiero preguntarte algo...
- ¿Y bien?
- Es una tontería y obviamente me importa una mierda...
- Claro, por eso estas en mi habitación a la una de la mañana... -sonrío. Él se enfada.
- Me voy a ir...
- No por favor, continúa, será divertido.
- Te estas saltando el trato que hicimos, estoy intentando ser cordial -él tiene razón, voy a intentarlo de nuevo.
Para ello, cojo su mano y le
sonrío. Por un momento he sentido algo parecido a un nerviosismo. Su
cara es un poema, me encanta que los papeles se hayan invertido, no por
mucho tiempo, claro está.
- ¿Me quieres? -suelta de
golpe. Esto me hace soltar su mano y arrastrarme un poco hacia atrás. GD está
completamente serio, y me mira con intensidad-. ¿No has oído? ¿Me quieres?
- ¿Qué... Qué diablos? ¿A qué viene esa pregunta?
- Luchaste por mí. Maldita sea estuviste al pie del cañón en el concurso. Lo hiciste muy bien...-oír esas palabras de su boca me hacen crecer. Es como si el padre que nunca tuve me hablara-. ¿Fue por interés o por algo más? -me obligo a hacer una pausa. El silencio la acompaña. Respiro hondo y le miro con intensidad.
-Ambas -digo finalmente. Esto le coge de sorpresa.
-¿Eso es un sí a mi pregunta?
- Te he dicho ambas, no pienses que diga sí o no a lo otro -digo con sequedad. Él sonríe.
- Me alegra saber eso... Al menos quería asegurarme de que fuera más por una cosa que por otra... No me deja dormir esa pregunta -pone ojitos de cordero. Hay mi madre, no lo voy a hacer. Amy, ten valentía, aguanta su mirada. Mantente impasible, al menos lo intenté por unos momentos.
- Si te digo la respuesta ¿me dejarás dormir?
- Claro -dice acercándose-. O no, depende de lo que quieras -bromea. Lo empujo.
- Obviamente dormir -respiro hondo-. Eres mi bias, sí, por mucho que me cueste decirlo así es -él sonríe, y por primera vez lo hace de manera diferente. Su mirada me pone nerviosa-. Yo… Yo te admiro y...
- Soy tu bias, es todo lo que necesitaba -sonríe satisfecho. Verdaderamente se ha salido con la suya-. Sí es así ¿por qué no me llamas Oppa? -ante esto último le miro, sintiendo algo extraño dentro mí, es una mezcla de furia y unas ganas de llorar intensas.
- No te lo has ganado en todo este tiempo... En todo lo que he estado aquí -el nudo de mi garganta quiere salir, y lo hace por mis ojos-. No te has comportado como mi bias... -le miro, él está serio-. El bias que yo tanto admirada y deseaba conocer. Esa persona con la cual compartía todos mis momentos del día y escuchaba su música -las lágrimas siguen saliendo y tengo que hacer una pausa para respirar. Sin quererlo unos brazos me atrapan más fuerte de lo normal. Siento su pecho, y su olor.
- Lo siento -dice-. Te dije que intentaría arreglarlo. No hago más que fastidiarlo todo. -él me separa y con sus pulgares limpia mis lágrimas. De nuevo, nos estamos mirando de cerca-. Si puedes, a partir de ahora quiero que me llames Oppa, ¿está bien? -tras unos segundos le asiento, y por primera vez, veo al G Dragon que yo estaba acostumbrada, ese tan atento y tan sensible, que se preocupa y quiere que todo vaya bien. Es por ello que le abrazo, le abrazo fuertemente y él me responde apoyándose en mi cabeza.
Temy
Kai es malísimo al piano. Estamos pasando una mañana agradable juntos, la verdad es que las horas se han ido volando. Me he reído mucho con él, ya que es a pesar de todo, una de las personas más chistosas que conozco. Sus caras y algunas cosas que intenta hacer me matan. Pero nada me puedo matar más el cómo lo encontré esta mañana dormido. Antes de despertarle me senté frente a él, en el suelo, jugándomela, e intentando que no se despertase. Contemplar su rostro en la mañana es una de las cosas más bellas y hermosas que he hecho nunca. Tenerlo ahí, frente a mí, tan relajado. No sé cuánto tiempo pasó, sé que suena de psicópata, pero creo que cualquiera lo hubiera hecho. Kai remató la mañana con el desayuno, el detalle de las flores y las fresas. De verdad, fue demasiado.
- ¿Y cómo hago para llegar a esta tecla? -dice él interrumpiendo mis pensamientos-. Creo que tengo los dedos demasiado cortos...
- No es verdad, y no tiene que ver –río-. Aun así creo que podemos ralentizar el tempo, al fin y al cabo estás aprendiendo -le digo. Kai me sonríe e intenta de nuevo tocar Baby don't cry, la cual llevamos practicando toda la mañana. Siempre se equivoca en la misma parte, pero ya lo va dominando.
- Siempre en el mismo sitio...
- No te sulfures, lo harás mejor -le sonrío.
- Toca tu Temy, necesito escuchar algo bonito durante un rato -dice mientras se aleja de mí. Apoya su codo en la parte final del piano (pero no en las teclas claro, aunque casi lo hace), y apoya su mano en la sien. Me mira mientras sonríe-. Adelante -me indica.
- ¿Qué... Qué diablos? ¿A qué viene esa pregunta?
- Luchaste por mí. Maldita sea estuviste al pie del cañón en el concurso. Lo hiciste muy bien...-oír esas palabras de su boca me hacen crecer. Es como si el padre que nunca tuve me hablara-. ¿Fue por interés o por algo más? -me obligo a hacer una pausa. El silencio la acompaña. Respiro hondo y le miro con intensidad.
-Ambas -digo finalmente. Esto le coge de sorpresa.
-¿Eso es un sí a mi pregunta?
- Te he dicho ambas, no pienses que diga sí o no a lo otro -digo con sequedad. Él sonríe.
- Me alegra saber eso... Al menos quería asegurarme de que fuera más por una cosa que por otra... No me deja dormir esa pregunta -pone ojitos de cordero. Hay mi madre, no lo voy a hacer. Amy, ten valentía, aguanta su mirada. Mantente impasible, al menos lo intenté por unos momentos.
- Si te digo la respuesta ¿me dejarás dormir?
- Claro -dice acercándose-. O no, depende de lo que quieras -bromea. Lo empujo.
- Obviamente dormir -respiro hondo-. Eres mi bias, sí, por mucho que me cueste decirlo así es -él sonríe, y por primera vez lo hace de manera diferente. Su mirada me pone nerviosa-. Yo… Yo te admiro y...
- Soy tu bias, es todo lo que necesitaba -sonríe satisfecho. Verdaderamente se ha salido con la suya-. Sí es así ¿por qué no me llamas Oppa? -ante esto último le miro, sintiendo algo extraño dentro mí, es una mezcla de furia y unas ganas de llorar intensas.
- No te lo has ganado en todo este tiempo... En todo lo que he estado aquí -el nudo de mi garganta quiere salir, y lo hace por mis ojos-. No te has comportado como mi bias... -le miro, él está serio-. El bias que yo tanto admirada y deseaba conocer. Esa persona con la cual compartía todos mis momentos del día y escuchaba su música -las lágrimas siguen saliendo y tengo que hacer una pausa para respirar. Sin quererlo unos brazos me atrapan más fuerte de lo normal. Siento su pecho, y su olor.
- Lo siento -dice-. Te dije que intentaría arreglarlo. No hago más que fastidiarlo todo. -él me separa y con sus pulgares limpia mis lágrimas. De nuevo, nos estamos mirando de cerca-. Si puedes, a partir de ahora quiero que me llames Oppa, ¿está bien? -tras unos segundos le asiento, y por primera vez, veo al G Dragon que yo estaba acostumbrada, ese tan atento y tan sensible, que se preocupa y quiere que todo vaya bien. Es por ello que le abrazo, le abrazo fuertemente y él me responde apoyándose en mi cabeza.
Temy
Kai es malísimo al piano. Estamos pasando una mañana agradable juntos, la verdad es que las horas se han ido volando. Me he reído mucho con él, ya que es a pesar de todo, una de las personas más chistosas que conozco. Sus caras y algunas cosas que intenta hacer me matan. Pero nada me puedo matar más el cómo lo encontré esta mañana dormido. Antes de despertarle me senté frente a él, en el suelo, jugándomela, e intentando que no se despertase. Contemplar su rostro en la mañana es una de las cosas más bellas y hermosas que he hecho nunca. Tenerlo ahí, frente a mí, tan relajado. No sé cuánto tiempo pasó, sé que suena de psicópata, pero creo que cualquiera lo hubiera hecho. Kai remató la mañana con el desayuno, el detalle de las flores y las fresas. De verdad, fue demasiado.
- ¿Y cómo hago para llegar a esta tecla? -dice él interrumpiendo mis pensamientos-. Creo que tengo los dedos demasiado cortos...
- No es verdad, y no tiene que ver –río-. Aun así creo que podemos ralentizar el tempo, al fin y al cabo estás aprendiendo -le digo. Kai me sonríe e intenta de nuevo tocar Baby don't cry, la cual llevamos practicando toda la mañana. Siempre se equivoca en la misma parte, pero ya lo va dominando.
- Siempre en el mismo sitio...
- No te sulfures, lo harás mejor -le sonrío.
- Toca tu Temy, necesito escuchar algo bonito durante un rato -dice mientras se aleja de mí. Apoya su codo en la parte final del piano (pero no en las teclas claro, aunque casi lo hace), y apoya su mano en la sien. Me mira mientras sonríe-. Adelante -me indica.
A pesar de tener la mirada
del hombre más sexy del planeta (para mi) sobre mi persona, intento tocar la
canción como cuando la practicaba en casa. La mirada de Kai me acompaña en cada
movimiento, pero no en el de mis manos, sino el de mi rostro. Lo sé, noto como
me mira. Este momento está siendo demasiado tenso para mí, de los nervios me
acabo equivocando en una tecla, se ha notado que ha sido por él.
- Lo siento... -digo nerviosa. Él se acerca y me pasa el brazo por mis hombros.
- Ha estado bien -me sonríe. Y entonces me coloca un cabello tras la oreja. Le miro, y su mirada está relativamente cerca. Toso varias veces-. ¿Todo bien?
- Necesito un poco de agua... Mucho tiempo hablando... -le sonrío. Kai se levanta y yo también, le sigo al piso de abajo a por agua. Él me ofrece un vaso según pongo un pie en la cocina. Es demasiado atento.
- Me gustaría seguir con el piano, sino estás muy cansada... -dice tímidamente.
- ¿De verdad? -no puedo evitar la emoción.
- Quiero aprenderme el principio de la canción bien. Así tendré de que presumir ante los miembros del grupo –bromea y yo río.
-Seguro les dejarás impresionados -sonrío. Apuro el vaso de agua, y cuando lo dejo para lavar, uno de mis molestos cabellos se pone ante mi frente, es el más corto de todos, y me cuesta que se quede en su sitio.
- Tenemos que hacer algo con eso -sonríe Kai.
- ¿Cómo? -digo intentando arreglarme. Kai se acerca a mí, coge una de mis trabas y engancha mi cabello a ella.
- De momento esto lo arreglará -sonríe.
Kai
Me encanta el piano. Pero más me gusta que me enseñe a tocarlo Temy. Con esta escusa puedo estar cerca de ella y admirarla. De verdad, empiezo a encontrarme enfermizo a mí mismo. Muchas veces me veo obligado a atenderla y aprender la lección, ya que luego me quedo embobado y no sé qué hacer, y no quiero que ella lo note. Si ya de por sí se pone nerviosa con mi presencia, no quiero ni imaginarme lo que pasaría si nota esto en mí. De nuevo Temy me enseña la primera parte, la tocamos a la vez, con una octava de diferencia. Ella lo hace más rápido que yo, está claro. Ahora todo se ha vuelto más difícil, y me equivoco de nuevo. No lo aprendido ahora, sino en el mismo lugar de la lección anterior.
- Definitivamente lo mío es bailar... -digo. Temy ríe-. Creo que por eso no toqué ningún instrumento.
- Es práctica, yo tampoco aprendí a tocar de un día para otro. Mis padres se gastaron mucho en mis clases de piano.
- Pues hicieron bien -le respondo. Ella sonroja lentamente, y vuelve a tocar.
- Hagámoslo de nuevo, desde aquí -me indica la tecla. Coloco mis manos. Esta vez, a pesar de mi lentitud en comparación a la de Temy, he tocado bien. Ella aplaude-. ¡Ya casi lo tienes!
- Soy lento... -me rasco la cabeza-. Y torpe.
- Pues eso que no me has visto bailar -la miro-. Parezco un pato mareado -una bombilla extremadamente brillante luce sobre mi cabeza.
- Yo te enseñaré.
- ¿A qué? -ríe Temy nerviosa. Río.
- A bailar Temy -sonrío. La sujeto por los hombros adelantándome a sus sentimientos.
- Pe..Pe...Pe...Pero... ¿Tú y yo? -le asiento-. ¿Solos? -asiento de nuevo-. ¿Sin nadie más?
- Claro -sonrío. Ella desvía la mirada.
- ¿Pero qué bailaremos?
- Lo que quieras... Me adapto a todo.
- ¿Incluso baile de pareja? -pregunta curiosa.
- Chica lista -le sonrío. En realidad nunca me había interesado por ese tipo de baile, pero no debe ser tan difícil-. Ese también es válido.
- Lo siento... -digo nerviosa. Él se acerca y me pasa el brazo por mis hombros.
- Ha estado bien -me sonríe. Y entonces me coloca un cabello tras la oreja. Le miro, y su mirada está relativamente cerca. Toso varias veces-. ¿Todo bien?
- Necesito un poco de agua... Mucho tiempo hablando... -le sonrío. Kai se levanta y yo también, le sigo al piso de abajo a por agua. Él me ofrece un vaso según pongo un pie en la cocina. Es demasiado atento.
- Me gustaría seguir con el piano, sino estás muy cansada... -dice tímidamente.
- ¿De verdad? -no puedo evitar la emoción.
- Quiero aprenderme el principio de la canción bien. Así tendré de que presumir ante los miembros del grupo –bromea y yo río.
-Seguro les dejarás impresionados -sonrío. Apuro el vaso de agua, y cuando lo dejo para lavar, uno de mis molestos cabellos se pone ante mi frente, es el más corto de todos, y me cuesta que se quede en su sitio.
- Tenemos que hacer algo con eso -sonríe Kai.
- ¿Cómo? -digo intentando arreglarme. Kai se acerca a mí, coge una de mis trabas y engancha mi cabello a ella.
- De momento esto lo arreglará -sonríe.
Kai
Me encanta el piano. Pero más me gusta que me enseñe a tocarlo Temy. Con esta escusa puedo estar cerca de ella y admirarla. De verdad, empiezo a encontrarme enfermizo a mí mismo. Muchas veces me veo obligado a atenderla y aprender la lección, ya que luego me quedo embobado y no sé qué hacer, y no quiero que ella lo note. Si ya de por sí se pone nerviosa con mi presencia, no quiero ni imaginarme lo que pasaría si nota esto en mí. De nuevo Temy me enseña la primera parte, la tocamos a la vez, con una octava de diferencia. Ella lo hace más rápido que yo, está claro. Ahora todo se ha vuelto más difícil, y me equivoco de nuevo. No lo aprendido ahora, sino en el mismo lugar de la lección anterior.
- Definitivamente lo mío es bailar... -digo. Temy ríe-. Creo que por eso no toqué ningún instrumento.
- Es práctica, yo tampoco aprendí a tocar de un día para otro. Mis padres se gastaron mucho en mis clases de piano.
- Pues hicieron bien -le respondo. Ella sonroja lentamente, y vuelve a tocar.
- Hagámoslo de nuevo, desde aquí -me indica la tecla. Coloco mis manos. Esta vez, a pesar de mi lentitud en comparación a la de Temy, he tocado bien. Ella aplaude-. ¡Ya casi lo tienes!
- Soy lento... -me rasco la cabeza-. Y torpe.
- Pues eso que no me has visto bailar -la miro-. Parezco un pato mareado -una bombilla extremadamente brillante luce sobre mi cabeza.
- Yo te enseñaré.
- ¿A qué? -ríe Temy nerviosa. Río.
- A bailar Temy -sonrío. La sujeto por los hombros adelantándome a sus sentimientos.
- Pe..Pe...Pe...Pero... ¿Tú y yo? -le asiento-. ¿Solos? -asiento de nuevo-. ¿Sin nadie más?
- Claro -sonrío. Ella desvía la mirada.
- ¿Pero qué bailaremos?
- Lo que quieras... Me adapto a todo.
- ¿Incluso baile de pareja? -pregunta curiosa.
- Chica lista -le sonrío. En realidad nunca me había interesado por ese tipo de baile, pero no debe ser tan difícil-. Ese también es válido.
Temy está nerviosa, me
vuelvo a acercar a ella y le paso mi brazo por lo hombros
-Puedo enseñarte a bailar
como yo, pero eso es muy difícil... De igual manera que tú me enseñas con
el piano, pues sería algo parecido.
-No sé Oppa... -se mira sus rodillas. Parece tan delicada-. Me da vergüenza...
- Te diré algo…-ella me mira-. Nunca te quitarás la vergüenza hasta que te pruebes a ti misma -ella me mira confusa-. Tienes que aventurarte, tienes que, aprender a decir: Hoy será un nuevo día. Eso me empujó a presentarme a las audiciones para entrar a la compañía -ella parece impresionada-. Miro mis vídeos pre-debut y digo: Dios mío... ¿Cómo? -río con ella-. Pero era ese momento o ninguno más. Estoy seguro de que te pasó algo similar con el piano.
- Al principio no quería... Me daba pereza pensar... En aprender a tocar un instrumento de cero... Pero mis padres me animaron -sonríe, y yo con ella.
- Ese es el empujón... Sólo que ahora te lo doy yo a ti -sonrío. Sus mejillas empiezan a tornarse rosadas mientras me mira. Temy es tan bonita.
- Oppa -me llama-. Ese sentimiento, lo sentí en las filas, cuando esperaba para concursar -la miro seriamente-. Hubo un momento en que quería irme pero... Algo me hizo pensar... Que perdería la oportunidad de conocerte y... -se tapa la cara con las manos-. ¡Lo siento estoy muy avergonzada! -entonces cojo sus manos y las aparto. Temy parece un tomate recién germinado.
- Eres valiente -digo mientras la miro con intensidad, sus ojos brillan-. Eres una de las personas más increíbles y valientes que conozco. Tienes fortaleza Temy. Esa fortaleza te hizo ganar. Por eso te escogí -la acerco a mí, y la abrazo-. Todo está bien ahora. Juntos podremos hacer cosas diferentes ahora... Ahora es el momento -apoyo mi cabeza en la suya. Noto como le late el corazón a Temy. No decimos nada por largo rato, sólo el silencio.
- ¿Ahora? -dice ella. Me mira desde abajo. Sonrío.
- Ahora, es el momento del cambio.
-No sé Oppa... -se mira sus rodillas. Parece tan delicada-. Me da vergüenza...
- Te diré algo…-ella me mira-. Nunca te quitarás la vergüenza hasta que te pruebes a ti misma -ella me mira confusa-. Tienes que aventurarte, tienes que, aprender a decir: Hoy será un nuevo día. Eso me empujó a presentarme a las audiciones para entrar a la compañía -ella parece impresionada-. Miro mis vídeos pre-debut y digo: Dios mío... ¿Cómo? -río con ella-. Pero era ese momento o ninguno más. Estoy seguro de que te pasó algo similar con el piano.
- Al principio no quería... Me daba pereza pensar... En aprender a tocar un instrumento de cero... Pero mis padres me animaron -sonríe, y yo con ella.
- Ese es el empujón... Sólo que ahora te lo doy yo a ti -sonrío. Sus mejillas empiezan a tornarse rosadas mientras me mira. Temy es tan bonita.
- Oppa -me llama-. Ese sentimiento, lo sentí en las filas, cuando esperaba para concursar -la miro seriamente-. Hubo un momento en que quería irme pero... Algo me hizo pensar... Que perdería la oportunidad de conocerte y... -se tapa la cara con las manos-. ¡Lo siento estoy muy avergonzada! -entonces cojo sus manos y las aparto. Temy parece un tomate recién germinado.
- Eres valiente -digo mientras la miro con intensidad, sus ojos brillan-. Eres una de las personas más increíbles y valientes que conozco. Tienes fortaleza Temy. Esa fortaleza te hizo ganar. Por eso te escogí -la acerco a mí, y la abrazo-. Todo está bien ahora. Juntos podremos hacer cosas diferentes ahora... Ahora es el momento -apoyo mi cabeza en la suya. Noto como le late el corazón a Temy. No decimos nada por largo rato, sólo el silencio.
- ¿Ahora? -dice ella. Me mira desde abajo. Sonrío.
- Ahora, es el momento del cambio.


